Se termina “la ventana de oro”.
Las próximas horas son las más difíciles: terminan los 3 días conocidos como «la ventana de oro», que se inician al momento que ocurre una catástrofe.
72 horas es el tiempo de supervivencia, sin líquidos ni alimento, que puede soportar el ser humano; por lo tanto, es en ese lapso, que se concentran las probabilidades de conseguir sobrevivientes.
“Pasadas las 72 horas, las posibilidades de supervivencia disminuyen drásticamente debido a la deshidratación severa, las lesiones no tratadas (como el síndrome de aplastamiento), la hipotermia y la falta de oxígeno en espacios confinados.”
Después de este tiempo se pierden oportunidades de encontrar seres con vida en los escombros y las labores pasan de búsqueda y salvamento a remoción de escombros y recuperación de cuerpos.
Es una decisión dura, pero el tiempo es implacable y comienza a jugar en contra de la salud, ya que el proceso de descomposición de los fallecidos podría convertir la zona en un foco insalubre.
La naturaleza debe, si es que cabe el pedido, ser condescendiente e impedir lluvias en la zona, ya que este hecho retrasaría el avance de los trabajos e incrementaría el riesgo sanitario.
Desde el punto de vista psicológico, remover escombros es el inicio para avanzar en el lento y delicado proceso de recuperación de la salud mental de los venezolanos, en especial, de los habitantes de las zonas afectadas; cada escombro es un recuerdo de la tragedia y del duelo que ella supone.
Según los expertos, atravesamos lo que denominan “la fase heroica”, caracterizada por un estado de optimismo, aumento del altruismo y la cooperación. Advierten los investigadores que esta etapa puede durar hasta 4 días e incluso semanas después del hecho y que, en muchos casos, son respuestas humanas a profundos estados depresivos y estrés.
Luego sobreviene la fase de “desilusión”, donde debemos enfrentar y entender con impotencia la inevitabilidad de la muerte y la perdida material.
Para muchos no hubo tiempo de despedida, un saludo al descuido o una simple mirada previa al terremoto marcará el adiós entre vecinos, amigos o familiares que quedarán como desaparecidos en las estadísticas oficiales.
A más tardar este lunes se podrán tener cifras con proyecciones creíbles de heridos, desaparecidos y muertes por el terremoto, además de un panorama claro del trabajo de atención social y psicológica a los afectados en sus viviendas o negocios y la planificación para la reconstrucción.
Nada fácil para una sociedad que, sin procesar enteramente la nueva realidad que impuso el bombardeo norteamericano, ahora debe atravesar un duelo colectivo para reconstruirse desde todo lo bueno que nos constituye como pueblo.

