¿Sabes qué? No me importa tener novio. ¿Estaremos a las puertas de un matriarcado?
Y es que la premisa de las jóvenes, al menos la retórica impuesta desde las redes sociales, indica una tendencia en la que o bien no importa si tienes novio o, si lo tienes, no lo presumas.
La polémica se aviva por el artículo publicado en la revista Vogue redactado por Chante Joseph titulado: ¿Por qué no está de moda tener novio? El cual ha generado un intenso debate en todas las plataformas. Un debate desde la perspectiva femenina heterosexual de las relaciones de pareja.
La autora, en varios pasajes del texto, aclara que se refiere a parejas heterosexuales, dejando claro que se describe a la pareja tradicional. Aquella que evolucionó desde los preceptos de Orgullo y Prejuicio, donde la mujer (y la familia) definía su estatus, según el hombre que la eligiera como esposa.
Pero, ¿no será anacrónico evaluar las relaciones de parejas bajo ese concepto casi medieval? Hacerlo es más un cliché que un análisis centrado en las posibilidades de éxito del acuerdo de dos personas para enfrentar la vida.

En el texto se refiere a cómo en las redes sociales se castiga a los influencers (con pérdida de seguidores o comentarios negativos) cuando centran su atención en la pareja. También hacen referencia a que cuando lo muestran (al novio), lo hacen de forma sugerida: manos sujetadas, apariciones en segundo plano o grupales, nada de intimidad o muestras de subordinación.
Una pareja tiene respuestas biológicas y psicológicas centradas en la necesidad de amar y ser amados. Estabilidad emocional, compañía, intereses, valores, pero además tiene un componente de regulación bioquímica como la liberación de hormonas y la satisfacción sexual.
La mujer ha transformado su rol en la sociedad y, por consiguiente, su autoaprecio. Pareciera que el hombre se mantiene anclado en valores dejados atrás en el siglo XX. ¿Pero es esto cierto?

Para el filósofo y profesor Jordi Nomen, el hombre enfrenta tantos desafíos como la mujer en la nueva sociedad. Debe reconstruir su rol y aprender un nuevo estatus. Todo el relato feminista que impulsa a las jóvenes lo abruma y, en cierta forma, lo llena de temor.
En muchas oportunidades, los jóvenes reaccionan con inseguridad. “La clave está en centrarse en la promoción de igualdad entre ambos sexos y que sean conscientes de ello. No se puede excluir la figura del hombre en la lucha feminista…Está claro que si te sientes excluido de algo vas a reaccionar contra ello. En este caso, la consecuencia es un mayor conservadurismo entre los jóvenes”, afirma el docente.

La imagen o reputación que se presume en las pantallas es más desafiante que la vida misma. Las y los jóvenes se cuidan mucho de no mostrarse en subordinación ante su pareja (quizás por eso la dejan en segundo plano). Además de que, si cuesta mucho trabajo mantener una personalidad digital íntegra, intentar que una pareja sume al perfil es todo un desafío.
Los anhelos de la juventud de hoy no parecen muy distintos a los de hace 30 o 50 años, al menos en las sociedades occidentales: el éxito centrado en la independencia económica, la posesión de bienes y el consumo de exclusividad. Lo que hoy sí presenciamos es un profundo cambio en la forma de apreciar los conceptos de familia, pareja y descendencia.
Volviendo al tema de inicio, al consultar a las jóvenes sobre lo que esperan de una pareja, la mayoría afirma querer a alguien que las proteja, las acompañe, pero no están dispuestas a subordinarse ante ellos ni mucho menos asumir funciones tradicionales de ama de casa o tradwife.

Hoy un hombre no elige a su esposa, ni ninguna joven espera ser elegida para definir su estatus o su futuro. Aunque existen grupos (élites) que siguen vigilando los compromisos y preparando las uniones, desde el punto de vista femenino, una pareja no las define.
Para la psicóloga y sexóloga española Ana Lombardía, estar solo no es la solución: “Deberíamos revisar por qué tenemos tendencia a pensar que la pareja tiene que ser sí o sí un lastre que nos quite tiempo u oportunidades”.
Las redes sociales están dejando en la historia el mito “del” o “la” indicada. La frenética búsqueda de los personajes de “Friends”, las agónicas historias de Seinfield y sus amigos o los contrastes de las personalidades de las chicas de Sex and the City, parecen quedar en el olvido y, completamente fuera de lugar quedó, la versión moderna de la Cenicienta o Pygmalión contada en Mujer Bonita, ya nadie cree en cuentos de hadas.
La dinámica estaría centrada (como es natural) en lo que cada miembro de la pareja espera del otro. Son nuevas normas para nuevos tiempos, pero el amor, al parecer, sigue vivo por allí.

