Sociedad

Palestina: siglos de historia y un futuro incierto.

Existen evidencias de comunidades agrícolas que datan de la Edad de Bronce (entre los años 3300 A.C al 1.300 A.C) ubicadas en las extensas llanuras que hoy Israel le arrebata a Palestina, en una de las ofensivas más asimétricas, sangrientas y crueles de los últimos años.

Posterior a esa fecha se conocen registros del crecimiento demográfico y de incipientes ciudades, con una vocación agrícola y comercial. El territorio es una especie de bisagra que une Asia, Europa y Occidente, pero, además de su belleza y extraordinario potencial, su verdadero secreto reposa en su fuerza espiritual: las tres religiones monoteístas más grandes de la actualidad, la señalan como el génesis de sus creencias: el cristianismo, el judaísmo y la religión musulmana.

Para los cristianos, ese territorio es la cuna de su religión; para los musulmanes, es la tierra donde Mahoma ascendió a los cielos, mientras que, para los judíos, es la tierra prometida. Este manto espiritual ha desencadenado disputas feroces por su control sin que, a la fecha, se vislumbre paz para toda la zona y sus habitantes.

Mapa de Palestina en 1830 que muestra las subdivisiones otomanas, hecho por Sidney Hall. David Rumsey Map Collection Wikimedia Commons. Tomado de: The Conversation

Aunque existen registros ancestrales de asentamientos y desarrollos humanos en toda esa geografía, los habitantes originarios han tenido muy poco o inexistente control sobre su destino.

La ambición conquistadora de Alejandro Magno la cuenta entre sus objetivos. Más tarde, la expansión musulmana, tomó el control de la zona por más de 400 años, originando las denominadas Guerras Santas, promovidas por la Iglesia católica con la intención de recuperar el control de Jerusalén, Jericó e incluso Gaza, para proteger el crecimiento y expansión del catolicismo. Eso fue, aproximadamente, en el año 1100 de nuestra era.

La Guerra Santa duró aproximadamente 100 años, tiempo que marcó profundamente lo que sería el desarrollo comercial, político y económico de Europa y Asia.

Aunque en los primeros años se logró mantener el control de Jerusalén, este objetivo no pudo ser sostenido en el tiempo, hasta que, finalmente, el Imperio Otomano tomara el control desde el siglo XVI hasta principios del siglo XX, cuando el desenlace de la Primera Guerra Mundial le pone fecha final al poderío de los asiáticos.

El contexto bíblico se refiere a la tierra de Canaán, que Dios prometió a Abraham y sus descendientes, los israelitas, como su herencia.

¿El huevo o la gallina?

Aunque la Biblia define que en el territorio que comparten Palestina e Israel existió el denominado Reino de Israel, datos arqueológicos solo confirman en parte su existencia.

Palestina existió siempre como territorio, como espacio y como una comunidad diferenciada cultural y políticamente, por lo menos desde el nacimiento de la era cristiana, con todos los elementos para conformar un estado-nación contemporáneo, sin embargo, siempre ha estado bajo un proceso de ocupación que impidió su autonomía.

Judea, es reconocido como el espacio ocupado por Jerusalén (y sus alrededores), Belén y Hebrón. Todos enmarcados en Palestina Antigua y ocupado por judíos, cristianos y musulmanes.

Los eventos que condujeron a la crucifixión de Jesús generaron enfrentamientos entre las distintas corrientes religiosas que se desprenden de su fe. Los judíos fueron culpados de esos eventos y, como castigo, se promovió su expulsión de Judea y toda el área Palestina. Hay que recordar que para los cristianos Jesús es el Mesías, para los judíos el Mesías aún no ha llegado.

El fin de la Primera Guerra Mundial le pone término al Imperio otomano y les otorga a los vencedores el derecho a intervenir en territorios asiáticos y africanos.

Los judíos interpretan que la Biblia establece el derecho de posesión del territorio en disputa. El contexto bíblico se refiere a la tierra de Canaán, que Dios prometió a Abraham y sus descendientes, los israelitas, como su herencia. Precisamente el territorio reconocido como Palestina y ocupado, según los historiadores, durante siglos por musulmanes, cristianos y judíos.

La religión judía ha sido una corriente minoritaria y perseguida. Sin embargo, su lucha política es muy fuerte. Hoy ser judío no necesariamente implica seguir la religión. Los judíos se consideran descendientes de una sola familia bíblica: Abraham y Sara, así como de sus hijos y nietos. Ese origen común los une como descendencia en todo el mundo.

Ese encuentro en lo político los llevó a perfilar la idea y consolidación del estado de Israel, para configurar el marco jurídico e histórico que los incluyera en el mundo contemporáneo. El nuevo mundo nacido después de la Primera Guerra Mundial, que acabó con los imperios conocidos y construyó las ideas de los estados-nación, independencia, nacionalidad y ciudadanía, e hizo además que esta cuestión fuera imperativa para los judíos después del Holocausto.

El fin de la Primera Guerra Mundial le pone término al Imperio otomano y les otorga a los vencedores el derecho a intervenir en territorios asiáticos y africanos.

La causa sionista encontró apoyo en Occidente que fomentó la migración (o vuelta) de judíos a Palestina. Esta decisión fue promovida por Gran Bretaña, potencia bajo la cual quedó el control del territorio palestino.

Esto produjo un enorme conflicto en la zona y comenzaron las peleas entre árabes y judíos. La Organización de Naciones Unidas, ideada al calor de los vencedores, nace como organización para velar por el nuevo orden mundial de facto, generado al finalizar la guerra.

La lucha de los judíos por encontrar o configurar un país, se convirtió en la lucha de los árabes asentados en Palestina, que se preguntaron entonces: «¿Y por qué ellos sí y nosotros no?».

En una decisión política, decide dividir el territorio ocupado y dominado por el imperio otomano y conocido como Palestina, para crear en una de sus partes el estado de Israel, pero no hace lo mismo con los árabes, que solo son considerados “ocupantes” de un territorio.

Es decir, la lucha de los judíos por encontrar o configurar un país, se convirtió en la lucha de los árabes asentados en Palestina, que se preguntaron entonces: «¿Y por qué ellos sí y nosotros no?».

Desde la fecha, las disputas no han parado. Israel, con apoyo de Occidente, principalmente de los Estados Unidos, ha logrado hacer crecer su territorio y ocupar más del 85% del espacio asignado a ocupantes árabes en Palestina.

143 de los 193 miembros de la ONU reconocen a Palestina como un Estado; el problema es que las principales potencias mundiales no lo han hecho. Hay un reconocimiento tácito de su existencia como país, nación, territorio e historia, pero en la práctica política, no se materializa. Esta “inacción”, para muchos, ha creado el marco para impulsar a Israel a extender su territorio a expensas de la expulsión de los árabes asentados en Palestina y ha convertido al sionismo en el perseguidor de nuestros días.

En 1993, los tratados de Oslo, limitaron la posibilidad de que Palestina pudiera organizar un ejército; ni soldados, ni marina, ni aviación

Aunque son solo números, pueden dimensionar el tamaño de la tragedia: más de 6 millones de refugiados árabes viven en países vecinos por la avanzada israelí. 5 millones de personas viven en los territorios de Gaza y Cisjordania, el primero bajo asedio y el segundo declarado territorio anexado por el parlamento judío. La Franja de Gaza es considerada una de las zonas más densamente pobladas del mundo, tiene la misma extensión que Las Vegas, pero tres veces su población.

59.000 palestinos muertos contados a julio 2025, muchos de ellos menores de edad, niños que perdieron la vida por la falta de alimentos producto del bloqueo de ayuda humanitaria.

En 1993, los tratados de Oslo, limitaron la posibilidad de que Palestina pudiera organizar un ejército; ni soldados, ni marina, ni aviación. Grupos antisemitas y defensores de Palestina se han encargado de repeler los ataques israelíes, el más prominente de ellos, Hamas. Sin embargo, nunca se puede comparar su potencial de ofensiva con el ejército israelí y el respaldo de sus aliados.

En mayo de 2025. Moshe Feiglin, un exdiputado de extrema derecha de Israel declaró: “El enemigo no es Hamás. Cada niño, cada bebé en Gaza es un enemigo».

El 18 de julio de 2025, Omer Bartov, profesor de estudios sobre el Holocausto en la Universidad de Brown, afirma en un artículo publicado por diario NYT:

Netanyahu había instado a sus ciudadanos a recordar “lo que Amalec hizo contigo”, una cita que muchos interpretaron como una referencia a la exigencia de un pasaje bíblico que pedía a los israelitas matar “hombres, mujeres y niños, aun los de pecho”, de su enemigo ancestral. Funcionarios gubernamentales y militares dijeron que luchaban contra “animales humanos” y, más tarde, pidieron la “aniquilación total”. Nissim Vaturi, portavoz adjunto del Parlamento, dijo en X que la tarea de Israel debía ser “borrar la Franja de Gaza de la faz de la tierra”.

Concluye el catedrático, experto en la materia, que está convencido de que lo que ocurre en Gaza (y Palestina) es un genocidio. Y en una dolorosa confesión personal remata:

“Como alguien que creció en un hogar sionista, vivió la primera mitad de su vida en Israel, que sirvió en las FDI como soldado y oficial y ha pasado la mayor parte de su carrera investigando y escribiendo sobre crímenes de guerra y el Holocausto, esta fue una conclusión dolorosa a la que llegué y a la que me resistí todo lo que pude.”

El derecho (supuesto) a dominar un territorio es una cosa y lo que ocurre en Palestina es otra. Los habitantes sufren de hambruna y violencia en una ofensiva israelí sin precedentes, más aún, si consideramos que, en algún momento, los judíos, en el mundo entero, sufrieron el estigma del “exterminio” como respuesta o solución al “problema” de su existencia. Esto cobra relevancia si entendemos que: “Las leyes y principios básicos del judaísmo se derivan de la Torá. La enseñanza más importante del judaísmo es que hay un solo Dios, que desea que la gente haga lo que es justo y misericordioso. Todas las personas son creadas a imagen de Dios y merecen ser tratadas con dignidad y respeto”.https://echoesandreflections.org/

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