Más humano

James Watson demostró que somos genéticamente iguales, pero moralmente diferentes.

El 06 de noviembre de este año muere James Watson, biólogo molecular estadounidense que aportó a la ciencia el avance más significativo del siglo XX: el reconocimiento de la estructura de doble hélice en las moléculas de ADN.

Junto a su colega Francis Crick, demostró al mundo esta estructura, dando un salto fundamental en el estudio de la genética y enfermedades asociadas a la herencia y el cáncer.

La medicina regenerativa, tal cual se presenta hoy como alternativa mínimamente invasiva para el hombre, basa su efectividad en los aportes que estos dos genios dejaron como legado.

El producto del trabajo de Watson es tan relevante que minimiza sus opiniones respecto a la incidencia de la raza en la inteligencia de los humanos y el sesgo sexista de su estructura moral. El científico llegó a afirmar que la raza blanca era más inteligente que la negra, basado en sus genes, pero sin aportar pruebas para ello.

James Watson y Francis Crick

En 1953 la pareja de investigadores (Watson y Crick) publica el artículo que marcará la historia de la bioquímica y abrirá un nuevo camino para la comprensión de la lógica que rige el funcionamiento de nuestro organismo. 

Pero la personalidad del científico también lo precede; el portal The Conversation lo describe como “una figura irrepetible, inteligente, valiente, sagaz, astuto, de verbo fácil, pero también misógino, soberbio, con facilidad para la humillación o para lanzar comentarios hirientes, sorpresivos, a diestro y siniestro”.

(1) Wilkins, (2) Crick y (3) Watson recibiendo el Nobel, Roalind Franklin no lo recibe debido a que el Nobel no se entrega post morten.

Existe una polémica en torno al premio Nobel otorgado por esta investigación a Watson, Crick y Maurice Wilkins en 1962.

Todo se centra en el solapamiento de la importancia del papel que jugó en las investigaciones la científica Rosalind Franklin.

Rosalind era compañera de investigación de Maurice Wilkins; ella había logrado fotografiar con difracción de rayos X una molécula de ADN, cuya imagen mostraba claramente la conformación de la doble hélice.

Para resumir la historia, Maurice Wilkins (sin aprobación de Rosalind Franklin) muestra la imagen (conocida como fotografía 51) a Watson, este la incorpora en las conclusiones de su artículo, el cual es presentado y firmado por Watson y Crick y, en los agradecimientos, mencionan a Franklin y Wilkins.

En 1958 Franklin muere de cáncer de ovarios. Watson, Crick y Wilkins son reconocidos en 1962 por la Academia Nobel, dejando en las sombras a Rosalind Franklin, historia que hoy forma parte de la narrativa machista y sexista.

Watson siempre se refirió a Rosalind Franklin de forma despectiva y, a pesar de que los historiadores se han encargado de demostrar el peso de la investigadora en el descubrimiento, la historia no la incluye ni le retribuye sus méritos.

Quienes conocieron a Watson lo definen como un racista y sexista de primer orden. Una persona complicada, pero con una capacidad de análisis privilegiada. Watson fue el impulsor y defensor del proyecto Genoma, que ha permitido identificar el mapa genético humano en su totalidad.

El nuevo siglo no trajo sino desgracias para el científico. En el año 2000 declaró que en la melanina de las personas de piel oscura había elementos para explicar su mayor lívido. Y llegó a asegurar que “los judíos son inteligentes, los chinos son inteligentes, pero no creativos debido a la selección para la conformidad, y los indios son serviles debido a la selección bajo la endogamia de castas”.

Pero en 2007 comenzó su verdadero martirio cuando afirmó que: “Todas nuestras políticas sociales se basan en el hecho de que su inteligencia (la de los negros) es la misma que la nuestra (la de los blancos), mientras que todas las pruebas dicen que no es así… Las personas que tienen que tratar con empleados negros saben que esto no es cierto”.

En 2019 fue parte de un programa televisivo denominado «Maestros estadounidenses: decodificando a Watson», y allí replicó su teoría y afirmó que los genes influyen en los resultados siempre inferiores de los negros sobre los blancos en pruebas de inteligencia o coeficiente intelectual.

La época era otra y la moral también. Sus declaraciones reincidentes hicieron reaccionar a la Academia del Nobel, que lo despojó del premio otorgado. Le fueron cancelados varios reconocimientos honoríficos y el laboratorio Cold Spring Harbor, de Nueva York, donde Watson desarrolló su carrera, cortó vínculos con el científico.

Su vida académica fue ejemplar y con su vida personal demostró que los valores éticos y morales de una persona nada tienen que ver con su inteligencia. Es posible que la historia rectifique y le reconozca a Rosalind Franklin su valía, pero estamos lejos de volver a ver el Nobel de Watson en su vitrina.

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