Comunicación

Cumbres: ¿Borrascosas o cochambrosas?

Para que Emily Brontë pudiera publicar Cumbres Borrascosas en 1847, debió hacerlo bajo el seudónimo masculino de Ellis Bell. Para la época, el argumento del libro era impensable y, más aún, si procedía de una mujer.

Un año después (a los 30 años), la escritora fallece de tuberculosis; su hermana Charlotte Brontë reveló la autoría de la novela en una edición póstuma que salió a la venta en 1850, dando inicio al mito revolucionario de la feminidad victoriana.

Cumbres Borrascosas (1920) poster de la primera adaptación (muda) del libro de Bronte.

La revolución industrial, en Europa, se enmarcó en un profundo cambio cultural que vio caer grandes linajes y surgir nuevos apellidos asociados, ya no a los títulos nobiliarios, sino a la propiedad de medios de producción, la administración de comercios y la actividad política.

La historia reseña una sociedad muy reprimida y vigilante de la moral. Si entendemos a la vestimenta como una herramienta de análisis, vemos que el recato y la represión (mostrar poco en ajustados corsés) era la norma para las mujeres, quienes, mucho más que los hombres, debían guardar las formas y ocuparse de labores asociadas a la familia y el hogar.

las imágenes promocionales del nuevo film nos avisan de las intenciones de la productora.

Pero en las calles la realidad chocaba todos los días con este ideal. El desarrollo del sector industrial incorporó a las mujeres en el trabajo diario, alejándolas de la casa y de la vigilancia del hombre y, para aquellas que pudieran acceder a la educación, se abría el campo para reclamar puestos de vanguardia en tareas como el periodismo, la literatura, las leyes o la medicina.

En las habitaciones la realidad era otra; mujeres y hombres exploraban los límites de la sexualidad, la prostitución era un oficio reconocido y proporcionalmente con mayor impacto que las cifras que hoy muestra el Reino Unido. Incluso, las prácticas sexuales grupales y homosexuales eran frecuentes bajo el manto de la discreción y la complicidad.

Allí seguramente nace el morbo que rodea todo el período de la reina Victoria, quien, por el contrario, tras la muerte de su esposo, vivió y gobernó bajo un luto perenne y siempre guardó respeto por el amor entregado al príncipe Alberto.

Muchos recursos visuales usados para evidenciar el erotismo en la película..

Pero el relato de Emily Brontë es valiente no solo por mostrar desde el punto de vista femenino una pasión prohibida, sino que denuncia las desigualdades en las relaciones de poder entre hombres y mujeres de la época. También hace crítica por el sesgo de clases que se imponía con la formación de las nuevas élites sociales.

Emeral Fennell dirige la versión de “Cumbres Borrascosas” estrenada en febrero de 2026 con un cúmulo de reacciones tanto positivas como negativas, sobre el resultado de la obra.

La artista, que ya es un nombre recurrente en las nominaciones más importantes del género, incluso, cuenta con un premio Óscar como guionista por Hermosa Venganza (2021), construye una historia centrada en lo prohibido, en el disfrute que raya en lo perverso, con claras alusiones a la sumisión y al bondage.

Habla en un lenguaje contemporáneo sobre una historia de hace 179 años, con lo cual se aproxima a un reto interpretativo-expresivo y se arriesga a la descontextualización del mensaje que surge por una interpretación errada.

La promoción no deja margen a dudas: primeros planos de labios, corpiños y todo pedazo de piel que pudiera mostrar el vestuario de la época. Imágenes impactantes aprovechando las bondades físicas de los protagonistas, cámaras lentas y sugestivas de dedos, bocas, dedos en bocas, cintas, cintas en cuerpo, cintas en manos, miradas e incluso animales y, por supuesto, planos y secuencias de carga erótica con relaciones sexuales y masturbación femenina.

Es allí donde está el énfasis de la película: en el erotismo pensado para el auditorio contemporáneo. Y también, en esta postura, nace la crítica de quienes la atacan por su desconexión con el argumento original y de quienes esperaban más piel de una historia erótica, ambos grupos sienten que la película se queda a medias.

Para hacer un homenaje tanto a la autora de la historia, Emily Brontë, como a la directora de la película, lo mejor será verla, sin prejuicios, esos que tanto marcaron la sociedad victoriana. Darle espacio al relato para que nos cuente esta nueva versión como si fuera nuestra primera vez con ella.

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