Sociedad

Calladito y cooperando.

Slavoj Zizek, uno de los filósofos contemporáneos más influyentes en política y en teoría cultural afirmó, luego de la intervención militar en Venezuela y la posterior “colaboración” con el gobierno venezolano, que esta actitud de los Estados Unidos antes que inexplicable, cobra sentido cuando entendemos que:

“… a EE.UU. no le importa la democracia ni la voluntad del pueblo… en otra loca coincidencia de los opuestos, devolver el poder al pueblo venezolano equivale a una nueva expropiación colonial de sus vastos recursos naturales.”

El filósofo tiene la misma opinión respecto a las intenciones de los Estados Unidos que el gobierno venezolano hoy liderado por Delcy Rodríguez, a pesar de que también ha manifestado en reiteradas oportunidades su distanciamiento ideológico con la revolución bolivariana e incluso ve con buenos ojos el “arresto” de Nicolás Maduro.

Slavoj Žižek es un filósofo, psicoanalista y crítico cultural esloveno. Es director internacional del Instituto Birkbeck de Humanidades de la Universidad de Londres.

Tanta es su aversión al político venezolano que afirma:

“…me siento tentado a parafrasear a Golda Meir: quizá pueda perdonar a Trump el secuestro de Maduro, pero nunca le perdonaré haberme obligado a adoptar una posición que pueda parecer de apoyo o simpatía hacia Maduro”.

Desde el gobierno se planteaba, y se sigue planteando, que el relato que supone “devolver la democracia” al pueblo venezolano (vía golpe de estado y aniquilación política del chavismo) es solo una excusa y “equivale a una nueva expropiación colonial de sus vastos recursos naturales”. Igual que afirma Zizek.

Hoy vivimos un escenario extraño para la lógica moderna y republicana mediada por los acuerdos posteriores a la 2.ª Guerra Mundial, pero muy acorde con la filosofía impulsada desde los Estados Unidos por Donald Trump, según la cual el límite lo determina su moral (la de Trump). Esta frase evidencia lo frágil de la sensación de seguridad del momento que transitamos, entendiendo que la inseguridad que sentimos es inversamente proporcional a la moral del presidente norteamericano.

Desde esta perspectiva, la opinión política venezolana se deshoja hoy para definir quienes deben regir el proceso de neocolonización del país que parece estar asegurado: por un lado, el chavismo y oposición moderada ofrecen resistencia para garantizar cierta autodeterminación, mientras que el sector extremista ofrece entrega total: de bandera e himno.

Después del 3 de enero en Venezuela y viendo la furia que se desató en el Medio Oriente, hay otra realidad que se suma en la toma de decisiones; todo gobierno y persona que participe en la política nacional tiene, además, la responsabilidad de velar por la seguridad y la vida de sus connacionales. En este escenario, cualquier ventana que nos aleje de una confrontación fratricida y de un conflicto ilimitado es ganancia para todos.

Hoy nos sentimos como cuando, por desgracia, nos toca vivir el sometimiento violento del “malandro”, ese momento que se expresa en la gota fría que recorre toda la columna vertebral y se asume cuando las alternativas te hacen ver que la ley la impone el que te somete por la fuerza, no hay forma de luchar y nuestro destino está en sus manos. Es como un paréntesis, como atravesar un portal y entonces te dicen la frase de bienvenida a ese nuevo mundo: calladito y cooperando…

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