Desconexión vs consciencia digital
La pretensión de limitar el acceso a las redes sociales para mejorar nuestra estabilidad emocional está perdiendo la batalla ante la inminente necesidad de estar conectado a la web.
Toda la información que necesitamos para hacer un mejor uso del tiempo esta allí, justo al lado de la puerta de entrada (siempre abierta) a cualquiera de las redes sociales que hoy dominan el ocio y roban el tiempo útil de los humanos.
No hemos aprendido a usar efectivamente el internet como una herramienta de búsqueda de información valiosa cuando las redes sociales aparecen para abrumar el sentido de todas las relaciones interpersonales y grupales.

Así, las brechas generacionales se convirtieron en “abismos” que fracturan las relaciones entre los grupos etarios, afectando el relevo natural de liderazgos.
Hoy, las ideas no se incorporan sincrónicamente en las sociedades, sino que irrumpen sin que la comprensión de las mismas esté, ni siquiera, arraigada en sus vanguardias.
Hábitos y comportamientos se anclan en la “realidad” que muestran las redes sociales. Estamos en la época, aún no superada, en la que criterios (sin madurez histórica o social) pueden “viralizarse” y asentarse como paradigmas en grupos sociales en cualquier parte del mundo.
En 2010 los científicos Nicholas Christakis y James Fowler pusieron en el mercado la primera edición de su libro: Conectados: el sorprendente poder de las redes sociales y cómo nos afectan, obra que impactó significativamente la comprensión del poder subyacente de la interacción.
Su análisis reveló que la probabilidad que tiene un individuo de hacerse obeso aumenta un 40 % si su hermano o cónyuge desarrolla una obesidad, y un 171 %, si es un amigo (aunque viva lejos). https://www.nuevarevista.net/
Hay que observar que los investigadores, cuando se refieren a las redes sociales lo hacen a la antigua, a la idea clásica, a la interacción de un individuo con el resto de sus semejantes, desde díadas (parejas) hasta grupos conformados por muchas más personas.
En las conclusiones los científicos proponen que una persona, al ser parte de una red (conformada por amigos y amigos de los amigos), es influida significativamente por esta siguiendo las siguientes características:

En 1993, Robin Dunbar publicó estudios que demuestran que el tamaño de nuestro córtex cerebral limita a 150 el número de personas con las que podemos establecer vínculos profundos.
Aunque desde entonces ha recibido críticas por sus planteamientos (incluso recientemente ha sido desmentido por científicos de la Universidad de Estocolmo), Dunbar defiende su tesis, incluso en esta época de hiperconexión, ya que, para el investigador, las relaciones con intermediación electrónica no son profundas y “no son relaciones personalizadas”.

Pero, ¿qué sucedería con aquellas personas que asumen como norma la interrelación mediada por redes sociales electrónicas y entienden que esta es la verdadera manera de relacionarse de forma profunda?
Puede ser que de allí se desprendan patologías derivadas de la conexión indiscriminada como:
De dependencia psicológica:
- FOMO (Fear of Missing Out): Ansiedad que genera una necesidad incontrolable de revisar notificaciones por miedo a perderse algo.
- Phubbing (Ignorar a otros por el móvil)
- Síndrome de la Vibración Fantasma: Sensación falsa de que el teléfono vibró o sonó.
De adicción:
- Ciberadicción o Adicción a Redes Sociales
- Vamping (Uso nocturno)
- Consumo Compulsivo o Compras Digitales
De problemas conductuales:
- Comparación Social y Baja Autoestima
- Aislamiento Social y Físico
- Ciberacoso (Cyberbullying)
- Sobreexposición o Oversharing
La tendencia para mejorar nuestra salud mental y favorecer el desarrollo de una personalidad que apunte al ideal de adulto funcional es conectarse y usar con responsabilidad las redes sociales.
Terapias o jornadas de desconexión resultan útiles para casos graves de adicción. El reto es entender las ventajas que nos otorga el sistema de redes digitales, cómo amplía nuestras posibilidades y el riesgo que implica su uso.
Nada debe sustituir una relación interpersonal verdadera, sin intermediación electrónica. Cara a cara, que nos permita experimentar la pertenencia a un grupo y satisfacer nuestra necesidad ancestral como seres gregarios en el sentido aristotélico.

