Gringos en El Callao o la guerra por el “acontecimiento”.
Esta semana los medios sacudieron la opinión pública nacional con la noticia de que el ejército norteamericano había tomado el control, o al menos realizaba operaciones en El Callao, región minera del estado Bolívar, específicamente en la mina Planta Chocó.
Siguiendo el rastro dejado por la actividad en redes sociales, la noticia surge del medio @puntodecorte, coordinado por el activista (exchavista) Nicmer Evans; incluso él y la periodista Diana Carolina Ruiz fueron de los primeros en repostear la información. (https://www.instagram.com/p/DZVYxiwEqpZ/)
El texto de la publicación fue el siguiente:
«Según una exclusiva del medio venezolano Punto de Corte, un contingente conjunto de militares venezolanos y personal estadounidense habría tomado el control de instalaciones mineras en El Callao, estado Bolívar. El reporte señala que la operación buscaría garantizar la seguridad de la zona, ante la próxima visita de inversionistas norteamericanos y frenar el desvío ilegal de oro”.
El texto, en sí, no dice mucho, pero la imagen muestra la supuesta puerta de entrada de la mina por donde vehículos y tropa militar estadounidense ingresaban portando armas e insignias propias de ese país.

Este hecho (de haber ocurrido) sí representaría una demostración del nivel de intervención de la política de los EE. UU. en Venezuela en la época post bombardeo del 3 de enero, además de una nueva violación a la soberanía nacional.
UHN Plus, Alberto Rod News, La Patilla, EVTV Miami, Caraota Digital, entre otros, se sumaron a la difusión de la información, que, 24 horas después, quedó aclarada y ratificada como un fake news.
Cualquier acucioso de la información pudo tomar la imagen y solicitar a la IA que la analice para determinar su autenticidad; entonces, hubiera descubierto que la misma fue construida para la ocasión. Todo medio o comunicador que valore su credibilidad debe hoy aplicar estas y otras técnicas para encontrar inconsistencias materiales en cualquier relato.
De haberlo hecho, habría encontrado que la información señalada no cuenta con videos ni imágenes reales, ni con reseñas de pobladores o de alguno de los cientos de mineros que hacen vida en la zona.
Hoy, difundir una noticia falsa o ambigua no es inocente; por el contrario, tiene una intención que nada tiene que ver con el ejercicio del periodismo.

En la era de la posverdad son comunes los “mercenarios de la información”; los laboratorios de opinión están de moda gracias al negocio que representan. Hay quienes pagan por incorporar en la opinión pública determinados temas solo para verificar el comportamiento de la población con miras a proyectar escenarios y, por supuesto, hay quienes cobran por eso.
El trato comunicacional dado al “acontecimiento” de El Callao es una técnica clásica de desinformación digital en la que un hecho real es magnificado y desvirtuado para viralizar (en este caso) una falsa ocupación extranjera.
Los pensadores franceses han sentado cátedra sobre este asunto, estudiando el “acontecimiento” como referencia histórica: para Gilles Deleuze (Lógica del sentido, 1969), el acontecimiento, más que un hecho material, cobra importancia por su “sentido” o efecto incorpóreo centrado en su capacidad de permanecer en el tiempo y crear nuevas posibilidades de pensamiento.
Más tarde, Alain Badiou (El ser y el acontecimiento, 1988) lo define como el hecho capaz de causar una ruptura radical que transforme la realidad social a tal punto que cree una nueva “verdad”.

Para Michel Foucault, una emergencia define el momento en que una idea, práctica, discurso, institución o regla de verdad irrumpe en un escenario para marcar la relación de fuerzas donde, lógicamente, una puede imponerse sobre la otra transformando las relaciones de saber-poder y las “reglas de juego” dentro de una sociedad.
En el marco de las nuevas relaciones comerciales y políticas de los EE. UU. con Venezuela, una delegación de inversionistas norteamericanos realizó una visita coordinada con el Gobierno de Venezuela a la sede de la empresa pública de minería Minerven; motivado por ello, hubo una alta presencia militar y de seguridad de la FANB en toda la zona, incluyendo la mina Planta Chocó.

Ahora bien, desde el pragmatismo, ¿qué intereses mueven a actores nacionales y extranjeros a “enrarecer” con falsos “acontecimientos” el clima de opinión nacional y desestabilizar el entendimiento aparente entre los EE. UU. y Venezuela?
¿Qué fuerzas pugnan por establecer la “verdad” de los hechos previos y posteriores al 3 de enero de 2026 en Venezuela?
Un día después de difundida la falsa información sobre los soldados norteamericanos en territorio nacional, ocurren hechos verificados en la zona: el despliegue de efectivos militares del ejército venezolano y el ataque “presunto” a cabecillas de mafias de la minería ilegal que por años se realiza en el territorio.
Este “acontecimiento” generó una especie de estampida o huida de mineros por temor a represalias, bien por parte del ejército o de las bandas que controlan la minería ilegal en la región.
La pregunta que surge es: ¿los comunicadores que publicaron la falsa información de presencia de soldados norteamericanos en El Callao sabían de esta operación militar de control de minería ilegal? Y si es así: ¿con que intención intentan enrarecer el “acontecimiento” o generar esta emergencia?

