Además de simbólico, ¿tiene algún poder abstenerse o votar nulo?
Como una constante, los votos nulos y la abstención expresan la opinión mayoritaria de los ciudadanos en los últimos procesos electorales.
Acaba de pasar en Venezuela y, todo parece indicar que pasará en las próximas elecciones presidenciales de Bolivia.
El asunto es que los procesos democráticos solo contemplan como válida la opinión de los que participan y, los votos nulos, no son estimados para influir en un resultado. Entonces, ¿tiene sentido cuando algún grupo político se atribuye como un triunfo una abstención mayoritaria o el porcentaje de votos nulos? ¿Eso realmente afecta la legitimidad de los gobiernos?

Donald Trump pudo haber sido electo con porcentaje cercano al 30% del electorado y ese es un promedio cercano a cualquier elección presidencial en cualquier lugar del mundo. Lo mismo pasó en Colombia en 2022.
Los porcentajes de participación bajan cuando las consultas son para poderes locales o parlamentarios.
Bolivia escoge presidente en menos de un mes y las encuestas colocan el favoritismo en Samuel Doria Medina (66 años) y Horacio “Tuto” Quiroga (65 años), ambos en un empate técnico con 20% de favoritismo del electorado.
Ambos candidatos son representantes de la derecha boliviana; Doria Medina es un empresario y exministro (1991-1993), mientras que Quiroga ha sido vicepresidente (1997-2001), presidente encargado y candidato presidencial.

La izquierda está representada por Andrónico Rodríguez, que sigue bajando en las encuestas y se ubica con 11 % del electorado. Las divisiones internas, tanto de la derecha como de la izquierda en Bolivia, promueven la abstención y el voto nulo como protesta, ampliando las posibilidades de triunfo de dos liderazgos que ya gobernaron al país hace más de 20 años.
En términos de la población, ¿quién gana con la abstención y el voto nulo?


