¡Qué Odisea la de Nolan!
Ir al cine es siempre una experiencia gratificante. Rencontrase con la “gran pantalla”, el sonido envolvente y el pote de cotufas casi que nos ahoga en el sentimiento.
Ni imaginar la experiencia en estas salas VIP con servicios exclusivos directos en nuestros puestos y costos que oscilan los 100 USD por pareja. Con butacas que me hacen recordar los famosos bus-cama Caracas-Barquisimeto, opción válida para no llegar despeinado a la capital de la república, pero con acceso negado a nuestros bolsillos.
En fin, ver la versión de La Odisea de Christopher Nolan es casi que una obligación para poder llevar el ritmo de una conversación contemporánea; hoy todos y en todas partes hablan de ella.
Con un equilibrio financiero de 500 millones de dólares en ventas establecido por los inversionistas, la película, a la fecha, roza los 1000 millones en recaudación, dibujando una sonrisa en quienes apostaron por el film.
Digamos que el negocio marcha, pero la apreciación de la película tiene visiones y sentimientos encontrados; desde fanáticos que catapultan a Christopher Nolan como un ícono del cine contemporáneo, hasta los que invitan a no ver la película y sugieren que es mejor ni siquiera hablar de ella.

Emily Wilson, la autora cuya traducción sirvió de base para la escritura del guion, afirmó, entre otras cosas, que “la escritura es pésima. Ninguno de los personajes tiene una motivación convincente para sus acciones o palabras. No hay escenas de sexo y toda la comida tiene un aspecto horrible”.
El artículo de más de 4.000 palabras, publicado en el London Review of Books, deja claro el disgusto de la académica con el planteamiento argumental de la versión de Nolan, a la que acusa además de narrativa débil y falta de profundidad.
Al influencer de cine Guille Van Dreï (@GuilleVanDreï) tampoco le agrada el guion y cree que Nolan es tan buen director como es mal guionista. Pero también arremete contra la selección de los actores.

Y es que acá, en el elenco, hay para hacer una tesis; el casting refleja el discurso político actual, con giros y adaptaciones en la trama (como la Helena de raza negra interpretada por Lupita Nyong’o), toda una reverencia al discurso igualitario e inclusivo que caracteriza al siglo XXI. Y la lista sigue: Elliot Page, Zendaya, Tom Holland, Matt Damon, Anne Hathaway, Charlize Theron, Jon Bernthal y un largo etcétera; cada uno tiene un rol que cumplir como actor y como pieza de un delicado juego de mercadeo y posicionamiento.

Porque el reto es contar una historia en un lenguaje que trascienda la enorme brecha generacional que vivimos y lleve a todos a las salas de cine.
El fenómeno crece y logró impulsar las ventas y lecturas del poema original de Homero. La misma Emily Wilson, quien critica la interpretación cinematográfica de Nolan, le agradece por el efecto rebote que la película ha generado, y el último párrafo de su artículo aclara su sentimiento:
“A pesar de todo, el estreno de La Odisea sigue siendo un acontecimiento para celebrar. En lo que se dice que es la era del streaming, esta epopeya está atrayendo de nuevo al público a las salas de cine. En lo que se dice que es una época de descenso de la alfabetización y la «muerte de las humanidades», las traducciones de La Odisea, incluida la mía, se venden como churros. Algunos de los que compran el libro o van al cine a ver a Tom Holland podrían dedicarse a estudiar griego antiguo. Quizás la película convenza a algunos administradores universitarios de no recortar sus departamentos de literatura, lengua e historia. Nolan, que estudió inglés en el University College de Londres —donde los alumnos todavía estudian La Odisea como texto fundamental de primer año—, está haciendo todo lo posible por conseguir que el público general vuelva a leer, y se lo agradezco”.
La película en sí es un acontecimiento; filmada en su totalidad con cámaras IMAX de 70 mm que le otorgan una textura especial al filme, tanto en la profundidad de la imagen como en la relación de aspecto proyectada.
Esta es la primera película hecha con este formato, pero hay menos de 50 salas en el mundo que puedan proyectarla con esta tecnología, así que lo más conveniente es verla en las salas más modernas que consigas.
La música incidental del filme es otra cosa; es una propuesta diseñada para respaldar el mensaje y llenar por completo los espacios, acompañando la trama e impulsando las sensaciones que viven los personajes para que los espectadores podamos experimentarlas.
El cine es una experiencia sensorial y Christopher Nolan nunca nos deja indiferentes después de ver cualquiera de sus películas.
Definitivamente, hay que ir al cine y ver la película para apreciarla, aceptarla, amarla u odiarla.


