Sociedad

Delcy Rodríguez alaba su queso.

El pragmatismo se enfoca en la acción, rechaza el dogmatismo y analiza los resultados a partir de sus consecuencias prácticas; es decir, el valor, la verdad y el significado de una idea son determinados por su utilidad práctica e impacto en la realidad.

El discurso de la presidenta (e) Delcy Rodríguez fue una declaración de estilo, de su marca personal. Y orienta sobre cómo espera que evaluemos su tiempo. Pero también nos dijo sin rodeos que ella era la persona indicada para conducir la transformación institucional y política de Venezuela.

El escenario que dejó la violencia armada del 3 de enero marcó un antes y un después en el hoy y será un punto de inflexión en la historia política del país.

Que la acción de los Estados Unidos no haya contemplado una ocupación dejó las puertas abiertas para la negociación y en ese proceso estamos.

En el discurso se dejaron varias ideas claras:

  1. El proceso de reinstitucionalización debe seguir su curso dentro de la normalidad constitucional.
  2. El gobierno no permitirá alteraciones del orden público ni campañas cuyo objetivo sea atacar este proceso que está centrado en la Mesa de Diálogo y Paz que incluye a Dinorah Figuera, y las de acuerdos económicos y del marco laboral venezolano.  
  3. La presidenta habló en primera persona y pidió ser evaluada por las acciones y los resultados.
  4. El gobierno entiende que la principal preocupación del ciudadano, más allá del poder político, es la estabilidad (paz), el salario, los servicios públicos y la seguridad. 
El tiempo del protagonismo de la ideología está quedando atrás, así como esperamos que quede la violencia.

Hoy, vemos cómo desde el gobierno se desmonta el uso de las estructuras del Estado como propaganda y se marca el esfuerzo en los resultados de la gestión.

La estabilidad y la paz social son indispensables para la reinstitucionalización y el empuje definitivo de la economía nacional. La experiencia venezolana comprobó que ni los inversionistas ni los ciudadanos se favorecen de las confrontaciones: en este escenario, todos pierden.

Para los herederos de Chávez, este momento lo habían buscado por más de 10 años: negociar directamente, sin intermediarios, con los Estados Unidos.

6 años después de esta foto, en 2015, con la misma sonrisa, Obama firmaría el decreto que declara a Venezuela una amenaza inusual y extraordinaria para los EE.UU.

El bloqueo y la política de sanciones buscaban el abandono chavista del poder; sin embargo, el espíritu de resistencia y la coincidencia de factores geopolíticos obligaron a los poderes fácticos a sentarse a negociar al entender que, si ninguno gana, ambos pierden, y que un deterioro mayor de la infraestructura nacional solo haría más costosa y larga la reconstrucción.

Estamos en pleno período de armisticio: en tiempo de tregua y sentados acordando el tratado de paz que se validará en el próximo escenario electoral. En este tiempo las partes ceden gradualmente y de forma negociada sus posiciones, se promueve el perdón y se acuerdan olvidos.

Además de la mesa donde participan políticos de la llamada Asamblea de 2015, otras mesas de acuerdo y diálogo corren paralelas en el país.

La más reciente encuesta de la consultora Hinterlaces revela que el 65% de los venezolanos no se asume ni chavista ni de oposición, lo que marca un distanciamiento muy significativo entre la población y la oferta política.

En este escenario, María Corina Machado será una candidata firme para las próximas elecciones, dependiendo de su comportamiento, discurso y acciones durante todo el tiempo que nos separa de esa consulta.

Y, así como su llegada es producto de las negociaciones, el chavismo garantiza su presencia y participación en la vida política nacional y tendrá candidatos en todos los procesos electorales por venir.

La estrategia revelada hasta ahora por el liderazgo opositor más radical, encabezado por María Corina Machado y secundado por actores como Henrique Capriles y Henri Falcón, es mantener una postura crítica sobre el proceso de diálogo, sin participar directamente en él.

Este sector no se ha incorporado a las mesas convocadas por gobierno y oposición; al parecer, suponen que esta posición los valida como interlocutores de los ciudadanos que se sienten traicionados por el clima de acuerdo: ni perdón ni olvido es su premisa; ¿Podrán “cobrar” con esta actitud?

Y este mismo período preelectoral servirá para comprobar si Delcy Rodríguez se siente (y tiene) la fuerza suficiente para imponer el nuevo estilo de la política nacional. Por lo pronto, pide, en clara alusión a los promotores de la violencia social: “menos peleas y más soluciones”.

Comentar en Facebook