En el año 2100, 3 de cada 4 personas podrían morir de calor.
Cada año, el ascenso del promedio de la temperatura en el mundo afecta a más personas. Para este 2026 se estima que, al menos, un tercio de la población mundial vea afectadas sus actividades personales y productivas por las altas temperaturas ambientales.
Cuando el calor supera el rango promedio de una región específica y se mantiene por días consecutivos, estamos en presencia de una ola de calor.
El Servicio Meteorológico Nacional de los Estados Unidos acaba de colocar en alerta a más de 70 millones de personas que habitan las ciudades de Miami y Fort Lauderdale (Florida); Laredo, Austin (Texas), Atlanta (Georgia), Raleigh (Carolina del Norte), Memphis (Tennessee) y Charlotte (Carolina del Norte), debido al pronóstico de temperaturas que podrían oscilar entre los 36°C y los 40°C, con una sensación térmica de 46°C.

Según esta misma institución, los habitantes de los Estados Unidos vivieron en julio pasado el mes más caluroso de ese país desde que se llevan registros diarios de la temperatura.
En Europa la situación no es distinta. En ese continente se han registrado altas temperaturas y muertes en un inusual verano. El consenso científico se afirma sobre pruebas que señalan al hombre (básicamente su sistema de producción) como el causante de los cambios ambientales que motivan el calentamiento global.
¿Cómo se manifiesta este calentamiento global?
Aumento de temperatura, deshielo y pérdida de ecosistemas congelados, elevación del nivel del mar, concentración de gases (CO2 y metano) producto de la quema de combustibles fósiles y la deforestación.
Estos gases han creado una barrera que reemite radiación infrarroja hacia la superficie terrestre, causando el denominado efecto invernadero.

Sin embargo, aunque minoritario, un sector con poder político y económico niega que el cambio en el clima se deba al modelo de desarrollo, y afirma que la elevación de temperaturas en el mundo obedece a un comportamiento natural de las condiciones ambientales.
Los detractores o negacionistas del cambio climático afirman que el calor se debe al incremento de las radiaciones que recibimos del Sol; aseguran que la incidencia del sistema productivo en la emisión de gases es insignificante y, por tanto, incapaz de un cambio tan notable en el planeta.
Los anticambio climático creen que la postura que ataca el sistema productivo de los países industrializados tiene que ver con un relato político que busca frenar el desarrollo de las grandes potencias.

Por las causas que fueran, el calor está presente y se siente con más fuerza cada año. Solamente España y Alemania reportan (entre ambas) más de 8.000 muertes por efecto de las temperaturas.
En nuestra región, el calentamiento de las aguas del océano Pacífico configura el fenómeno El Niño, que se presagia como el peor de la historia con altas temperaturas y sequías peligrosamente dañinas para ciclos de cultivo y producción de energía hidroeléctrica.
Si la temperatura ambiental supera los 30°C en ambientes con una humedad relativa extrema, el sudor no se evapora del cuerpo, afectando directamente nuestro mecanismo principal de control térmico.
El peor escenario es el de temperaturas ambientales superiores a los 37°C; allí, nuestro cuerpo comienza a absorber calor del medio ambiente, aumentando drásticamente la temperatura corporal y causando un shock térmico.

Las ciudades que muestran peores condiciones para soportar el calor son aquellas con infraestructuras deficientes en climatización o diseño para atenuar las variaciones climáticas. Estas se concentran en los países que menos daños causan al medio ambiente y, por lo tanto, se consideran menos culpables del calentamiento global.
La revista mensual Nature Climate Change, publicada por el Nature Portfolio, ofreció en el año 2017 cifras alarmantes sobre la incidencia proyectada del aumento de la temperatura global.
Para el año 2100 se estima que el 75% de la población pueda enfrentar olas de calor mortales, es decir, 3 de cada 4 personas morirán víctimas del calor. Los científicos advierten que el escenario es posible a menos que se revierta el ciclo de emisiones de gases a la atmósfera y se detenga el sistema productivo que hoy se denuncia como potencialmente suicida.

