Sociedad

Crece el veto a las redes sociales

El parlamento francés acaba de aprobar una ley considerada histórica y que está generando un intenso debate en torno al impacto negativo del acceso a las redes sociales por niños y adolescentes.

Con 279 votos a favor y 81 en contra, los parlamentarios aprobaron el instrumento legal que limita la posibilidad a los menores de 15 años de poseer una cuenta en redes sociales y, por ende, restringe la visualización de su contenido.

La ley entra en vigencia el primero de septiembre, coincidiendo con el regreso a clases; desde entonces, los adolescentes no podrán abrir nuevas cuentas.

Hasta enero de 2027 durará el proceso de verificación de edad de todos los usuarios de redes sociales ante las plataformas. A partir de esa fecha, deberán cerrar las cuentas ya existentes de usuarios que no hayan cumplido con los parámetros establecidos en la ley.

«Si tienes menos de 15 años, se te cerrará la cuenta», explicó a los periodistas la ministra delegada del Sector Digital, Anne Le Hénanff.

Francia ya había legislado en torno a la prohibición de uso de teléfonos inteligentes en centros educativos en los niveles básicos de educación; esta ley confirma la norma y la amplía hasta los liceos (segundo ciclo de educación secundaria).

En 2025, Australia se había convertido en el primer país del mundo en prohibir el uso de redes sociales; en este caso, lo hacen para los menores de 16 años.

Estas leyes entran en rigor mientras que países como Suecia, Dinamarca, Noruega, Finlandia, Francia e Italia están revirtiendo la digitalización en las aulas para volver al uso de libros físicos, escritura manual y reducción de uso de pantallas digitales.

Las estadísticas que generó la digitalización del aprendizaje en esos países no fueron positivas, mostrando indicadores de déficit en concentración, memoria y comprensión lectora en las generaciones que experimentaron ese modelo.

La tendencia europea es volver a la escritura manual, el libro físico y limitar el uso de pantallas en las aulas.

Algunos detractores de la medida se centran, no en su intención, sino en las formas de aplicarla; todo apunta a una limitada capacidad de verificar la edad de los usuarios, esto tomando en cuenta que la responsabilidad recae en la plataforma, la cual es la señalada por la ley para excluir a los menores.

El dilema sigue siendo el mismo: “La culpa no es del mono, sino del que le da el cuchillo”. Las redes sociales podrían ser una herramienta extraordinaria para el acceso a la información y crear conocimiento. Para denunciar la exclusión y la existencia de estructuras de dominación política o económica.

Pero a la fecha ha distorsionado el modelo de aprendizaje y ha mermado la capacidad cognitiva de sus usuarios. Las redes han posibilitado un nuevo sistema para todo el comercio a partir del funcionamiento de modelos blockchain. Pero también ha creado nuevas formas de esclavitud digital, donde las personas pueden comercializar sin límites la imagen de su cuerpo, generando un impacto ético y moral que hasta ahora no hemos medido ni comprendido.

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