Mundial FIFA 2026: ¿le pondrá fin a la utopía humanista en el deporte?
La edición de la Copa del Mundo 2026 arranca y las emociones se comparten entre el espectáculo de la inauguración-clausura y la expectativa por las decisiones políticas que impactan el devenir del evento deportivo. ¿De fútbol? Ya veremos con el avance de la copa.
La emoción por los partidos agendados en los EE. UU. se traslada de la cancha a las afueras del estadio. La vibra la pone la posible actuación del temido ICE al inicio o, más cínico, a la salida de cada juego.

En otras ediciones, parte de la antesala al mundial era conocer los campos donde se desarrollarían los juegos. Los países (y la FIFA) se esforzaban por mostrar lo mejor de la arquitectura y de la tecnología aplicada al deporte.
En esta oportunidad, tres disposiciones del gobierno de los EE. UU. marcaron la pauta mediática:
- La decisión de solo permitir el acceso a territorio norteamericano del equipo de Irán en la previa de cada juego, lo que obligó a la selección a concentrarse en Tijuana (México) y cruzar la frontera antes de cada partido.
- Aymen Hussein, delantero de Irak, fue retenido en el aeropuerto por 7 horas, mientras que al fotógrafo oficial de la selección lo deportaron, luego de 10 horas de interrogatorio.
- Omar Abdulkadir, con todas sus credenciales en el pecho, avalado por la FIFA y reconocido como el mejor árbitro de África, fue devuelto por la policía migratoria a Somalia. No iba como turista, iba a trabajar como árbitro del mundial. Nada de eso importó.
A estos hechos se suman los cambios que atañen directamente al deporte: las interrupciones de “cooling brake” en el minuto 22 de cada tiempo, el entretiempo de 30 minutos que tendrá el partido de la final y el control absoluto de la FIFA por las emisiones y la marca que hoy representa la Copa, todo ello, alejan la competencia del deporte y sí, la acercan a un espectáculo controlado por el mercadeo y la utilidad financiera.

Sorprende que el nuevo reglamento prohíba el uso de la marca en locales comerciales (restaurantes o taquerías ambulantes). Para “enfiestarse” con la copa deben solicitar autorización y cancelar los derechos.
La utopía olímpica (que abraza la FIFA) supone tres áreas: Humanismo, tregua olímpica y autonomía deportiva. Todas son afectadas en el desarrollo de este mundial.
El deporte busca la fraternidad por encima de raza, política o religión. En justas de alto nivel se condiciona una tregua para que los atletas puedan competir en igualdad de condiciones, y, para alcanzar estos fines, el Comité Olímpico Internacional (y la FIFA) tenían un beneplácito de las naciones para actuar como un territorio independiente de las leyes o gobiernos.
Todas esas premisas son atacadas en esta última edición de la copa. El humanismo, nacido del Renacimiento y la Ilustración, con más de 300 años de desarrollo, ve cómo se afectan sus postulados ante el fortalecimiento de la idea del territorio como poder absoluto, el visado como arma geopolítica y la utilidad financiera por encima del interés humano o social.

Lo interesante (o más bien angustiante) de esta situación es que un gran número de personas está de acuerdo con esta nueva realidad que apunta a un sistema controlador, autoritario y afirmado sobre la tesis de que, si una actividad (cualquiera) no rinde dividendos financieros, de ninguna manera puede ser buena para la sociedad y sus individuos.

