¿Será Raúl Castro la expiación de la osadía cubana ante los EE. UU.?
El 24 de febrero de 1996, dos aeronaves pertenecientes al grupo Hermanos al Rescate (contrarios al gobierno de Castro) partieron de Miami con la misión de socorrer balseros, pero fueron derribadas por el ejército de la isla.
En el incidente murieron 4 personas, Raúl Castro, para entonces comandante del ejército, dirigió la operación, calificada por su gobierno como un acto de defensa de la soberanía para repeler operaciones de espionaje y sabotaje realizadas en territorio cubano por Hermanos al Rescate.

30 años después, el gobierno de los EEUU acusa a Raúl Castro de asesinato tomando como base este hecho y, lógicamente, muchos analistas intuyen que la decisión es un paso previo antes de iniciar un ataque militar en la isla, tal como lo hicieron en Venezuela.
Raúl Castro (retirado y con 94 años a cuestas) ya no gobierna Cuba, pero su apellido vale mucho en los baremos de la “justicia” norteamericana actual, esa que hoy se parece más a un “ajuste de cuentas” que a la resolución de un delito impune.
Una negociación con el gobierno de la isla sin “tomar” algo de ella no tendría mucho sentido ni calmaría los ánimos de la comunidad cubana en los EEUU que (con o sin razón) vive de un odio visceral contra los Castro.

Alguien tiene que pagar los platos rotos. La comunidad cubana no se imagina un escenario de nuevas relaciones con la isla sin que un castigo ejemplar se inflija sobre sus dirigentes y, si es un Castro, mejor.
Lo cierto es que los EEUU, hasta ahora, en sus movimientos de guerra militar y económica, el único saldo que a la vista parece positivo es el obtenido con Venezuela, el objetivo más débil. Y parece que necesita otra victoria, no importa si es un enemigo que esté muy por debajo de su nivel.
El estrecho de Ormuz sigue bajo el control iraní. De China regresó (Trump) sin que, hasta ahora, pueda mostrar avances o logros significativos.
Putin, en apenas un día, logró contratos de suministro de crudo muy provechosos para su país y falta el detalle de los más de 40 acuerdos que se tiene previsto firmen ambas potencias.

Mientras esto ocurre, Europa baja la guardia y se imagina un futuro sin el apoyo de los EEUU y genera acercamientos con China y con Rusia.
El nuevo tablero geopolítico comienza a definirse; las áreas de influencia se notan más claras. Las declaraciones de Trump al afirmar que «Taiwán se encuentra demasiado lejos de su territorio como para asumir su defensa» suponen lo mismo para China, Rusia o Europa respecto a los países del continente americano.

No es casual que la Armada norteamericana desplace sus buques insignia del Atlántico y Pacífico, donde ocupaban posiciones de equilibrio estratégico respecto a Rusia o China, para colocarlos en el Caribe, donde su presencia es casi una ostentación.
Cada quien que tome las previsiones y asuma el rol que piensa representar en el futuro. Un llanero diría: “llegó el momento en que cada perro se lama su pija”.

