Ataque letal en el Caribe: ¿de qué se trata?
Luego del anunciado despliegue de una flota militar en las costas del mar Caribe para controlar el tráfico de drogas hacia Estados Unidos, era de esperarse que un incidente como este sucediera; lo que nadie puede suponer es cómo se escalarán los hechos de ahora en adelante.
Ya habían “montado la tarima” y el público estaba esperando la actuación; sin embargo, el mundo se asombra ante lo burdo de la puesta en escena según buena parte de la opinión pública internacional.
El exdirector (Biden) del Consejo de Seguridad Nacional para el Hemisferio Occidental de Estados Unidos (EE.UU.), Juan González, no se limitó a cuestionar la credibilidad de la maniobra, sino la naturaleza del hecho en sí. «El Gobierno se atribuye la autoridad para hundir cualquier buque que considere vinculado al narcotráfico. Es un terreno resbaladizo. Sin controles, Estados Unidos corre el riesgo de matar a pescadores, migrantes u otros civiles… y tendríamos que confiar en la palabra del Gobierno», parece sensato el razonamiento del funcionario.

Muchas preguntas surgen al respecto y seguro serán respondidas: ¿Cómo sabemos la procedencia del barco? ¿Cómo podemos corroborar la información para darla por cierta? ¿Será posible que una lancha cargada con drogas, ante un operativo anunciado en las costas del Caribe, tenga la osadía de intentar la travesía hasta los EEUU?
Todas estas preguntas o dudas (y las que usted se formule) tendrán alguna respuesta y serán “verdad” en la medida en que sus creencias lo estimen.
Después de una puesta en escena como la que hemos vivido con el despliegue militar norteamericano, es costumbre que un acontecimiento impactante surja en medio de toda la narrativa: el ataque “letal” a una embarcación cargada de drogas procedente de Venezuela es solo un punto de partida para nuevas acciones. La respuesta diplomática, militar y política de un hecho de estas características será fundamental para el desarrollo de la estabilidad del continente e, incluso, del equilibrio mundial.
Acontecimientos simultáneos en distintas partes del planeta alertan de grandes cambios en la hegemonía mundial.
No es casualidad que el gobierno de los EEUU despliegue su flota en el Caribe y que, hasta ahora, haya sido un fracaso la tentativa de acuerdo de paz en Ucrania, dejando mal parado a los EEUU y a Europa.

Tampoco es casual que los presidentes de Rusia, India y China se reúnan y que estrechen sus relaciones con Corea del Norte y, por supuesto, la ofensiva abusiva de Israel sobre Gaza, que indica un quiebre del sistema de equilibrio político heredado del último conflicto bélico de escala mundial.
Y muchísimo menos casual que este despliegue norteamericano se dé previo al imponente desfile militar organizado por China para conmemorar el fin de la Segunda Guerra Mundial.
Las reuniones de la última semana entre los presidentes de China, India, Rusia y Corea del Norte han dejado en el olvido los flashes gastados en la cumbre de Alaska entre Donald Trump y su homólogo ruso.

Para completar el panorama, el despliegue militar mostrado por China deja muy acartonada y como una “bravuconada” la presencia militar estadounidense en las costas del Caribe.
El presidente francés, Emmanuel Macron, despierta al mundo indicando que su país prepara a los hospitales para atender a los heridos de un conflicto bélico mundial que, de manera previsible, se desatará antes de marzo de 2026.
Algo más se cocina detrás de bastidores. El presidente de Venezuela afirma que la razón fundamental de los Estados Unidos para su ofensiva es la riqueza energética y de minerales preciosos de Venezuela, la cual podría asegurarle un impulso a la deteriorada economía norteamericana.

Por su parte, el presidente chino Xi Jinping propone al mundo un nuevo acuerdo que logre una gobernanza más equilibrada para todos los países, lo cual representa un mensaje claro del deterioro de los acuerdos de Yalta (1945) y Malta (1989), que han marcado el camino del frágil equilibrio entre las potencias mundiales.
Más que la energía y riqueza de Venezuela parece proteger y garantizar para sí los EEUU; ¿Cómo podrá Latinoamérica participar de esta convocatoria del presidente chino con la oposición de los norteamericanos que consideran a este territorio su “patio trasero”? Mucho más que el control de la droga está en juego en el tablero mundial.

