Sociedad

La sombra que persigue a Fidel… La sombra que protege a Epstein.

A Reinaldo Arenas, dramaturgo de innegable valor, la historia lo ha perfilado como un símbolo político anticastrista y como un referente de la lucha por los derechos de lo que hoy conocemos como el grupo LGBTIQ+, a veces, solapando su extraordinaria obra.

Antes que anochezca, uno de sus libros más conocidos, es una historia autobiográfica publicada en 1992 (2 años después de su muerte y 12 de su llegada a los Estados Unidos) en la cual narra su vida en Cuba; es una visión aterradora desde la óptica de quien padeció persecución, infamia e incluso la prisión en la época más oscura de la revolución liderada por Fidel Castro.

Los revolucionarios tomaron el poder en 1959 y, como todo proceso de esta envergadura, tenía sus seguidores y detractores. Muchos homosexuales, en la isla, tenían un doble motivo para estar en la mira de los miedos del nuevo poder: su oposición a la revolución y su orientación sexual.

Reinaldo Arenas

Ya en 1960 eran temidas las redadas para detener a “pederastas, prostitutas y chulos”. Estas sirvieron como pretexto para inculpar (y encarcelar) a hombres y mujeres homosexuales, lesbianas o heterosexuales permisivos con estas prácticas y cuyo pensamiento no se alineara con el nuevo proyecto político.

Ahora, atacar a los oponentes utilizando sus debilidades, vicios o infortunios no es una idea nacida en la revolución cubana; la historia está llena de ejemplos de cómo el poder maximiza el lado «feo» de los adversarios para, en el mejor de los casos, acabar con su moral.

Aunque en la isla era mal visto el comportamiento libertino, sobre todo por escenas de exhibicionismo en sitios públicos, la práctica de detenciones forzosas y con motivos meramente políticos sembró miedo en la población.

El momento más visible de esta política errada se dio con la creación de las Unidades Militares de Ayuda a la Producción (UMAP):

En estos lugares, las autoridades internaron a aquellos considerados «indeseables» o «antisociales», incluidos católicos militantes, testigos de Jehová y homosexuales, quienes eran tildados de rebeldes, peligrosos o ineptos desde el punto de vista militar. El propósito principal era transformar a los integrantes de estos grupos en miembros productivos de la sociedad, en línea con la ideología revolucionaria y con las necesidades laborales del Estado. Frances Negrón-Muntaner, Nueva Sociedad.

Aunque estas unidades fueron cerradas oficialmente en 1968, las prácticas de violencia física y psicológica que allí se realizaban se mantuvieron intactas en otros centros de detención, en donde la coerción, humillación y amenazas eran la estrategia para el cambio en la búsqueda del “hombre nuevo”.

Las UMAP donde el trabajo forma al hombre.

El 20 de marzo de 1971 es detenido por las fuerzas policiales cubanas el poeta Heberto Padilla, quien formaba parte de la vanguardia cultural de La Habana y del círculo de creadores críticos con la burocracia cultural constituida en poder.

37 días después, en una presentación pública, Padilla lee una declaración en la que, en primer lugar, manifiesta arrepentimiento por sus pensamientos. Luego asume toda la responsabilidad de sus actos, que ahora entiende como una afrenta a la revolución a favor de los enemigos capitalistas, y pasa a denunciar a amigos por traidores a la patria, homosexuales o lesbianas, lista de la que no se salva ni su esposa.

Este hecho, considerado una declaración bajo amenaza, indignó a la intelectualidad mundial y muchos de sus integrantes, seguidores del proceso cubano, firmaron un manifiesto rechazando las prácticas gubernamentales y algunos, en lo particular, retiraron su apoyo a Fidel Castro.

Transitábamos la mitad del siglo pasado y el ideal revolucionario no veía con buenos ojos a los “mariquitas” que debilitaban la imagen fuerte del ejército, disminuían las fuerzas productivas y combativas y, además, no colaboraban con la nueva cultura revolucionaria. Pero, en el resto del mundo, las prácticas sexuales fuera de las heteronormativas y el concepto binario de género eran igualmente perseguidas y muy mal vistas.

En los Estados Unidos son incontables los testimonios de famosos que debieron ocultar su verdadera orientación sexual; incluso, hoy son públicas las historias de matrimonios por conveniencia para evitar el juicio social.

Las personas vinculadas a la intelectualidad, dada su notoriedad, generaron las historias más reconocidas y escandalosas hasta que la revolución cultural de los grupos LGBTIQ+ le dio notoriedad a los relatos pequeños del ciudadano común.

Casimiro González y Manuel Rodríguez

Casimiro González y Manuel Rodríguez llegaron de Cuba en los 80 desde el puerto de Mariel. En una entrevista concedida a The New York Times, describen como contradictorio lo vivido al llegar a los EE. UU. porque, a pesar de no existir el temor del encarcelamiento, la sociedad norteamericana y latina era muy cerrada al respecto; ellos nunca revelaron su orientación sexual e, incluso, inventaron historias de hijos y esposas dejados en Cuba.

Manuel Puig, escritor argentino, cuenta en “El beso de la mujer araña” la historia de Molina y Valentín, dos argentinos presos en época de dictadura:

“El libro relata el encuentro de dos personas presas que conviven en la misma celda: una es un preso político, Valentín, y la otra una disidente sexual definida como «loca» y autopercibida como mujer (registrada por el Estado como hombre), Molina”. Wikipedia

La obra, publicada en 1976, fue prohibida en Argentina y, en Francia, fue objeto de censura al punto de impedir su publicación.

Pero podemos ir más atrás en la historia: Alan Turing (británico), uno de los hombres más inteligentes del siglo pasado, el que hoy es considerado padre de las ciencias de la computación y líder del proyecto que descifró el complejo algoritmo de los mensajes encriptados alemanes en la Segunda Guerra Mundial, fue condenado en 1952 por homosexualidad y sometido a tratamientos de castración química para “curar” este “mal”.

La biografía de Turing está colmada de ejemplos de persecución, discriminación y miedo al juicio social. Su muerte ocurrió dos años después de su condena y está catalogada oficialmente como un suicidio.

Después de una campaña pública en 2009, el primer ministro británico, Gordon Brown, se disculpó públicamente en nombre del Gobierno británico por «la forma espantosa en la que Turing había sido tratado».

En 1936, comenzando a vivir España el horror del franquismo, es fusilado Federico García Lorca, acusado de “socialista, masón y homosexual”, cegando la vida de uno de los más grandes poetas de habla hispana.

Rock Hudson, Anthony Perkins y Cary Grant (solo por nombrar algunos) fueron famosos actores de Hollywood que debieron esconder su sexualidad para permanecer en el medio artístico sin ofender el marco moral.

Louella Parsons y Hedda Hopper fueron dos damas del cotilleo de la farándula hollywoodense de los años 30, 40 y 50. Entre ambas controlaron la información íntima relacionada con los artistas y la aprovecharon para obtener ventajas económicas o editoriales, construyendo una red de chantajes y coerción que mantuvo cautivos a los integrantes de la industria.

Ambas decidían lo que la prensa revelaba u olvidaba lo cual, en la mayoría de los casos, representaba el fracaso o el éxito de una carrera artística. Toda esta trama estaba sustentada por el prejuicio y la animadversión social contra la homosexualidad y prácticas sexuales alejadas de la dicotomía de género.

Con un triángulo rosa eran marcados los homosexuales durante el Holocausto nazi; la sola sospecha de tolerancia o práctica podía convertirte en víctima de persecución y exterminio en campos de trabajo forzado y experimentación humana.

Pier Paolo Pasolini: su muerte sigue siendo un misterio.

Pier Paolo Pasolini encontró la muerte a golpes en 1975. Giuseppe «Pino» Pelosi, joven de 17 años, se inculpó de los hechos, por lo cual el caso fue cerrado con tintes pasionales.

En 2002, Pelosi se retracta e indica que el cineasta fue muerto a golpes por tres individuos, versión que afianza las teorías sobre la muerte de Pasolini atribuidas a causas políticas enmascaradas por el odio nacido de su sexualidad.

Oscar Wilde (El retrato de Dorian Gray, La importancia de llamarse Ernesto, entre otros) es considerado uno de los dramaturgos más influyentes de finales del siglo XIX. En 1895, cuando Wilde rondaba los 40 años, fue sometido a un juicio por sodomía e indecencia y condenado a trabajos forzados. Los primeros meses estuvo amarrado a una rueda de molino por buena parte del día. La decisión del juzgado pretendía marcar un precedente aleccionador para la sociedad.

El reconocimiento público de Wilde impactó a la sociedad europea, que emuló e hizo cotidianos los castigos y persecuciones a los homosexuales.

Tanto Wilde como Pasolini describieron en sus obras las acciones más hipócritas y aberrantes de las élites sociales y políticas, lo cual no fue del agrado de las clases vinculadas al poder.

Harvey Milk fue el primer funcionario electo por el voto popular abiertamente homosexual en los Estados Unidos. En 1978 fue asesinado y las investigaciones indican que, aunque el marco del crimen fue político, la fundamentación del hecho nace de la intolerancia a la homosexualidad manifiesta y defendida por Milk.

La cultura heteronormativa impuesta en la sociedad se ha afianzado con tal fuerza que el miedo impera ante el simple temor de perderla. La violencia contra las personas que enfrentan esta normativa con su orientación sexual no discrimina condición de raza o pensamiento político, la historia está llena de ejemplos que nos muestran que no importa la ideología; si eres diferente, pagarás las consecuencias.

La moral se ha utilizado como un arma represiva en repetidas oportunidades a lo largo de la historia. Son más las inhibiciones por temor al juicio del otro que las manifestaciones y acciones en contra de la cartilla moral del momento, sin que esto justifique perversiones y vejaciones que sabemos forman parte de la larga lista de atributos que distinguen a los humanos.

La nueva versión de Cumbres Borrascosas devolvió al temario público a Emily Brontë, quien firmó con seudónimo masculino su obra para evitar los efectos de la “cancelación” del momento.

En 1952, Patricia Highsmith, publicó bajo el seudónimo de Claire Morgan, El Precio de la Sal, cuya temática se considera reveladora al ser la primera novela con trama lesbiana y con un final feliz para sus protagonistas.

Patricia Highsmith

La novela fue reeditada en 1990 con el nombre de Carol y con la firma de Highsmith, quien admitió que utilizó un seudónimo para evitar la censura y prejuicios sociales de los años 50. Hay que resaltar que la escritora es de origen norteamericano y vivió gran parte de su vida en Europa, entre el Reino Unido, Francia y Suiza.

El siglo XXI arranca con el juicio moral más importante de los últimos años; el caso Epstein. Más allá de la amplia base conspirativa que rodea a estos hechos, lo que hasta ahora se conoce y se afirma con bases sólidas, es que en él se muestra un entramado de poder y chantaje fundamentado en las debilidades humanas.

Esta versión de la Isla de la Fantasía de la Perversión nos dice del poder que sienten hombres y mujeres de hacer realidad sus deseos, acompañados del pánico que los invade con solo suponer que estas debilidades sean del conocimiento público.

Cada viaje a la isla era registrado al detalle y más tarde usado para obtener favores, con el agravante de que muchos victimarios (devenidos en víctimas) eran influyentes figuras del mundo económico y político mundial.

Epstein, en su momento, fue útil, para luego convertirse en una persona incómoda y más tarde evolucionar a peligroso; tan peligroso como se vuelve aquel que atesora los secretos más terribles de personajes poderosos y, en cierta forma, modelo de la humanidad.

Los investigadores del caso Epstein y de otras tramas de poder global nos dicen que apenas se conocen ciertos detalles de toda esta realidad y, hasta ahora, no hemos visto al primer involucrado arrepentido.

En 2010, el líder cubano Fidel Castro calificó como un terrible error la política homofóbica de la revolución de los años 60, asumió la responsabilidad de los hechos y, desde entonces, cada año, los derechos civiles de Cuba han sido inclusivos con el grupo LGBTIQ +. Sin embargo, la sombra represiva del horror de esos días lo persigue a pesar de su arrepentimiento, quizás por más tiempo e intensidad que a los protagonistas de las atrocidades cometidas de la mano de Epstein.

Comentar en Facebook