De bolichico a boligrande.
Leopoldo Alejandro Betancourt López es otro venezolano que acumula historias como para vender los derechos a cualquier productora y convertir su vida en un thriller de conspiración y poder internacional.
Desde el PSUV se le acusa de ser primo de Leopoldo López y, pese a que diversos portales se han encargado de desmentir ese vínculo filiatorio, sus nombres y apellidos no lo ayudan y su mala fama lo precede.
En 2010, el periodista especializado en finanzas Juan Carlos Zapata denomina “bolichicos” a un grupo de jóvenes muy tenaces que, sin experiencia, habían alcanzado muy buenos contratos con el gobierno venezolano (presionado por las sanciones) en un área tan compleja como la generación y transmisión eléctrica.

Leopoldo Alejandro Betancourt López, Pedro Trebbau López Derwick, Francisco Convit Guruceaga, Domingo Guzmán López, Orlando Alvarado, entre otros, eran los nombres visibles del grupo, acusados entonces por los adversarios del chavismo de romper el cerco “ideológico” que impedía hacer negocios con el gobierno con el objetivo de propiciar su quiebre.
En total fueron 11 contratos para repotenciar y apuntalar la generación termoeléctrica del país. Derwick Associates asegura que todos los términos acordados fueron cumplidos a satisfacción, mientras que organizaciones independientes y políticas acusan la existencia de una trama corrupta con sobreprecio en los trabajos y suministro de equipos de mala calidad. Hoy, toda esta información está sepultada en un mar de datos inconexos e inverificables en la web y bajo la opacidad de las contrataciones públicas.
Lo cierto es que Alejandro Betancourt compró un palacio en España, y desde allí, tejió una nueva red de alianzas que lo acercaron a la insurrección de Guaidó y al primer gobierno de Trump.

Desde Venezuela se le acusa de corrupto y se le abren averiguaciones por blanqueo de capitales, al igual que en España y los Estados Unidos.
Jorge Rodríguez, actual presidente de la Asamblea Nacional, en una declaración pública asegura que Alejandro Betancourt, junto a su padrastro, fungían como asesores en materia petrolera de Leopoldo López, a quien visitaba con frecuencia (según declara el político) en la cárcel de Ramo Verde, lugar de reclusión de López.
La base de la información declarada por el político nace de una investigación publicada por The Washington Post del año 2019, donde vinculan al “bolichico” con Rudy Giuliani (abogado de Trump), a quien recibió en su palacio en España en varias oportunidades.
El portal Panampost asegura en una de sus publicaciones que, a una de estas reuniones con Giuliani, fue invitado Wilmer Guadó, padre de Juan Guidó, a manera de prueba veraz ante el abogado de Trump del apoyo de Betancourt al interinato.
The Washington Post y Panampost, con esas revelaciones sustentadas con testimonios y fotografías, delata intereses entre Giuliani y Alejandro Betancourt.
Pero el guion de la película aguanta más acción. La trama apenas comienza. Para la época, Trump atravesaba una crisis política, con una amenaza de impeachment o juicio parlamentario que podría desencadenar en una destitución; ¿cuál era la base de la acusación? La participación directa de Rudy Giuliani y Trump, para presionar al gobierno de Ucrania con la intención de que le abrieran una investigación a Joe Biden y su hijo Hunter Biden.

Allí aparece el nombre de un agente llamado Lev Parnas (ucraniano), detenido en los Estados Unidos, quien asegura tener pruebas que demuestran la participación de Trump y su abogado en la presión sobre el gobierno ucraniano. El asunto se ponía cada vez más complicado y se resuelve con la decisión del parlamento de no permitir testigos en el juicio, lo cual favoreció al presidente Trump.
Ahora, ¿en qué se vincula Alejandro Betancourt con toda esta trama? Según el Washington Post, Giuliani es contratado por Betancourt como su defensa en el caso de lavado de dólares que llevan los tribunales federales.
El alegato del abogado ante los fiscales se basó en recordarles que su cliente era un colaborador directo de los EE. UU. en los objetivos sobre Venezuela y que, además, era un financista clave de Juan Guaidó.
Muchos aseguran que existía la posibilidad de que el caso Venezuela se sumara a la trama ucraniana en el parlamento norteamericano y Alejandro Betancourt cobraba peso en la defensa (o ataque) de Trump. Otra corriente asegura que el empresario venezolano, leyendo correctamente el panorama, decide ponerle precio a su silencio, o al menos hacer un buen negocio.
Esto fue en 2019; hoy, 7 años después, vuelve a aparecer Alejandro Betancourt entre Venezuela y EE. UU. Y, cuando sus múltiples detractores se preguntan por las averiguaciones por lavado de dinero que mantenían los tribunales federales, se enteran de que el caso ha sido desestimado, versión corroborada por el secretario de Estado Marco Rubio.

A mediados de agosto de 2026, Harry Sargeant III, magnate estadounidense de la energía y el transporte marítimo, anunció que vendía su participación en la empresa NABEP, creada en 2024 en sociedad con Betancourt (el bolichico), siendo la primera compañía en trabajar bajo el modelo de CPP (Contrato de Participación Productiva) con PDVSA.
Bluewave Properties Ltd. (accionaria de NABEP) es una empresa offshore radicada en las Islas Vírgenes Británicas que pertenecía a Sargeant III, quien, recientemente, había recibido fuertes presiones de Washington para cesar toda participación en el negocio petrolero venezolano.
Las presiones incluían el congelamiento de bienes y juicios por violación de leyes federales. El hecho llamó la atención, ya que el magnate fue una figura clave en el reacomodo de las relaciones entre EE. UU. con el gobierno de Maduro y en esta nueva etapa de Delcy Rodríguez.
Se sabe que el empresario recibió 300 millones de dólares por las acciones de la compañía, lo cual generó que Alejandro Betancourt pasara al control mayoritario de NABEP, que a la fecha aportaba 160.000 barriles diarios a la producción de PDVSA.

Menos de 2 semanas después del cambio de accionistas de la compañía, el gobierno norteamericano anuncia la negociación con Venezuela que incluía a NABEP. Esta empresa, creada en 2024, asentada en Barbados y con oficinas en Maracaibo, Caracas y Lecherías, se aseguraba el control de 17 pozos, con un estimado de crudo de 65.000 millones de barriles.
Alejandro Betancourt ya no vive en España; su residencia está en el Reino Unido, en Inglaterra, donde compró una mansión de campo de 14 habitaciones. Allí fue arrestado hace poco y tenía una prohibición de salida del país y una orden de extradición del gobierno suizo. Todo ello sin efecto a partir -mas o menos la misma fecha- del otorgamiento a North American Blue Energy Partners (NABEP) de concesiones para operar 17 campos petroleros en Venezuela.
Esta empresa, de la cual el empresario es su socio mayoritario, se presenta en una inusitada alianza con el Pentágono, para dirigir el acuerdo que le garantiza a los Estados Unidos los derechos para explotar 65.000 millones de barriles de petróleo.
Lo curioso es que el acuerdo petrolero más importante de la historia de los Estados Unidos (denominado así por el presidente Trump) se sostiene no en empresas bandera como Exxon, Chevron o Conoco Phillips, sino en NABEP con apenas 2 años de existencia, asentada en Barbados con un venezolano como accionista mayoritario y el Pentágono como socio estratégico de esta alianza.

Pero también surgen las dudas: ¿es Alejandro Betancourt un agente de la inteligencia norteamericana en funciones? ¿O un agente de la trama político-económica privada de Donald Trump?
Hoy, con justeza, podríamos llamar a Alejandro Betancourt el “Boligrande”; en menos de seis años ha pasado de negociar acuerdos con el gobierno de Venezuela a representar a los Estados Unidos en el control estratégico de 65.000 millones de barriles de petróleo y, de ser socio de un norteamericano, a tener como «partner» al Pentágono de los EE. UU.
La apuesta está en ver por cuánto tiempo custodiará ese botín.

