Sociedad

100.000 millones por un nuevo mantra: Que el dinero fluya y que las calles estén tranquilas

Cese de la usurpación, gobierno de transición y elecciones libres fue la oferta de Juan Guaidó luego de auto juramentarse como presidente encargado de Venezuela, ante Dios, el cielo y el respeto de sus colegas diputados.

Un somero análisis lógico hacía presumible el fracaso de la empresa: ¿cómo un golpe de Estado puede corregir una usurpación de funciones?

Pero esa no es la historia: 7 años y algunos meses después de esa tragedia, 100.000 millones de dólares comprometidos por petroleras en Venezuela parece enterrar definitivamente el mantra impuesto por el “encargado”: ni cese de la usurpación, ni gobierno de transición ni elecciones libres, por lo menos con el significado que la propuesta le daba.

La oferta opositora extremista sufre otro revés; los análisis coyunturales y políticos harán de esta situación una alcachofa para que cada quien “chupe” su pétalo y lo unte con la sazón que prefiera.

La última entrevista concedida por Nicolás Maduro en el país fue un mensaje directo al núcleo de poder de los Estados Unidos. Hoy lo podemos interpretar como un intento desesperado de llegar con su mensaje hasta los centros de decisión, pero esta (la decisión) ya estaba tomada, por lo menos en lo que respecta a su persona.

Maduro, respondiendo a las interrogantes de Ignacio Ramonet, afirma que Venezuela está dispuesta y preparada para entenderse con los norteamericanos en el terreno que sea: económico, político, de seguridad hemisférica y continental. Dejando claro que cuando habla de Venezuela se refiere al gobierno bolivariano, el polo patriótico y las bases de lo que representa ese entramado político; que en ellos existe una firme disposición a pasar la página del pleito.

El escenario de hoy fue buscado por el chavismo por más de 10 años: negociar directamente con el poder político de los EEUU, sin intermediarios ni mensajeros, y eso, parece que es un objetivo cumplido.

La coyuntura política y el reajuste de poder en el mundo dejan en una posición de desventaja estratégica a Venezuela; demasiado cerca de los Estados Unidos como para escapar de su influencia y demasiado rica como para ser ignorada por un imperio debilitado en todas sus estructuras materiales e inmateriales, objetivas y subjetivas o, si lo prefieren, fácticas y políticas.

Hoy, a nuestra manera, vivimos la última escena del capítulo final de temporada de la serie The Westies (Los del lado Oeste), cuyo argumento relata los últimos días de la dirigencia intermedia de la mafia en Nueva York de los años 80 y su relación con el capo de la familia Gambino.

Jimmy Roarke y Eamon Sweeney personajes de The Westies.

En resumidas cuentas, el pleito no se da por tomar el poder de la familia Gambino, sino por ser los intermediarios entre ellos y el “negocio” de la extorsión, el contrabando y la mafia sindical del momento.

El argumento se sustenta a su vez en un enfrentamiento entre los italianos, herederos del estilo mafioso, y los irlandeses, dueños de las calles neoyorquinas. 

Jimmy Roarke, joven y decidido a incorporar el negocio de la cocaína al mundo de la mafia, conspira para quedarse con el cargo de Eamon Sweeney, con años como caporal de Castellano, jerarca de los Gambini.

Le tiende una trampa que involucra al FBI, le “siembra droga” y, cuando Eamon (confiado en su relación como socio-amigo de años) le indica que Castellano lo matará, Jimmy le explica que el pacto ya está hecho y aprobado por el capo y le deja claro que: a Paul Castellano no le importa con qué irlandés hace tratos, ya que solo busca estabilidad y ganancias. Que el dinero fluya y que las calles estén tranquilas.

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