Más humano

¿Existe una muerte merecida?: caso Charlie Kirk.

La muerte de Charlie Kirk plantea una discusión de base, fundamentalmente moral y ética: ¿fue merecida?

El merecimiento es visto como la respuesta a una acción individual o colectiva; dependiendo de tus actos (verbales o actitudinales), serás merecedor de una respuesta (de apoyo o rechazo) y así, con base en ese criterio, formula su opinión la mayoría.

Leemos y escuchamos opiniones que bordean el tema (la muerte de Kirk) y (entre líneas) intuimos la hipocresía en el mensaje: no estoy de acuerdo con ninguna muerte, peeero… Y en ese pero encontramos lo resbaladizo del tema.

Ezra Clein, un bloguero con más de 400 mil seguidores en YouTube, con una línea de pensamiento cercana al Partido Demócrata, afirma:

“Puede disgustarte mucho de lo que Kirk creía y la siguiente afirmación sigue siendo cierta: Kirk practicaba la política exactamente de la manera correcta. Se presentaba en los campus y hablaba con quien quisiera hablar con él. Era uno de los practicantes de la persuasión más eficaces de la época.”…” La política estadounidense tiene bandos. Es inútil fingir que no los tiene. Pero se supone que ambos bandos están en el mismo lado de un proyecto mayor: todos estamos, o la mayoría de nosotros, al menos, intentando mantener la viabilidad del experimento estadounidense. Podemos vivir perdiendo unas elecciones porque creemos en la promesa de las siguientes; podemos vivir perdiendo una discusión porque creemos que habrá otra discusión. La violencia política pone eso en peligro.” https://www.nytimes.com/es/2025/09/11/espanol/opinion/charlie-kirk-asesinato-politica.html

Ahora, ¿es válido practicar la política entendiendo que la única opción de pensamiento correcto ocurre cuando coincidimos o te convenzo del mío? Kirk había manifestado que su intención al dedicarse al activismo e iniciar esta cruzada con los jóvenes era arrancarlos del dominio del pensamiento de “izquierda” que promovía en ellos valores antinorteamericanos y contrarios a la fe. Una cosa es comprender como contraria una idea y otra cosa es creer que esa idea no debiera existir.

La polarización que vive hoy EEUU se pone de manifiesto con este tema; si bien la opinión pública condena la violencia y la muerte (como un saludo a lo que queda de la cultura de “lo políticamente correcto”), el pensamiento de derecha quiere convertir a Charlie Kirk en un mártir de la democracia, que entregó su vida tras decir su verdad y defender los derechos que le otorga la constitución de su país (segunda enmienda).

Otro sector (demócratas, moderados e izquierda) lo ve como un ególatra peligroso, con una visión distorsionada de la realidad y del ejercicio de la política y como un posible “tonto útil” del aparato ideológico que ha puesto en marcha Donald Trump.

Un tercer núcleo de opinión (más pragmático e indiferente) alaba las virtudes oratorias de Kirk, lo considera un virtuoso de la persuasión y un genio de la palabra e incluso llega a lamentar su muerte porque lo consideraba un referente para las estrategias de convencimiento aplicadas al marketing y ventas. Hitler también era un gran orador. Goebbels dio origen a una escuela a partir de sus prácticas de propaganda. Entonces, ¿Qué debemos valorar: la técnica o el mensaje?

Cuando una sociedad está moviendo su opinión entre derecha e izquierda, entre capitalismo y comunismo, podemos predecir que está en problemas. No se sabe mucho del supuesto responsable de la muerte de Kirk, pero Trump ya pidió para él la pena de muerte y atribuyó el origen del hecho a las ideas de izquierda que atormentan a la sociedad.

Tyler Robinson, (22) acusado de haber asesinado a Charlie Kirk, muy poco se sabe de sus motivaciones.

Kirk fue un influyente millennial (31 años al momento de su muerte) sin educación universitaria, pero con un fuerte discurso conservador que había logrado impactar a la juventud norteamericana: 5 millones de seguidores en X, 7,3 millones en TikTok, 11,4 millones de seguidores en Instagram y una comunidad de más de 4 millones de seguidores en YouTube le otorgaron la base suficiente como para ser tomado en cuenta por la administración Trump.

Fue defensor del derecho de cada norteamericano a poseer un arma (segunda enmienda) y justificó las muertes por violencia con armas como un buen precio por esa garantía. Era contrario al aborto y a los derechos de grupos minoritarios como el LGBTI+. Con un pensamiento que podría calificarse de extrema derecha, al punto de calificar al expresidente Biden y a los demócratas en general de izquierdistas, con ideas nefastas para el futuro de su país.

Además de en las redes sociales, el poder de su palabra penetró en las universidades a través de su fundación Turning Point USA (TPUSA), que a la fecha cuenta con activistas en 850 universidades para, más que debatir, orientar y convencer sobre temas tan delicados y sensibles como la familia, la fe, el compromiso fiscal, la religión, identidad transgénero, cambio climático, modelo económico liberal, modelo político conservador, migración, entre otros. Trump llegó a referirse a TPUSA como “la organización juvenil más poderosa jamás fundada”.

José Miguel Monzón Navarro, “El Gran Wyoming”, entrevistado por Fernando González (Salvados-A-3), afirma que, para él, que vivió la dictadura de Franco, le parece abrumador que un político español hoy se pare en una plaza y diga frente a los micrófonos de todos los medios: “Con este gobierno no hay libertad” y asegure “Esto es una dictadura”. En tiempos de Franco, por menos de eso vas preso. Y concluye: “Los jóvenes creen que los derechos que hoy disfrutan son innatos y no temen perderlos”; quizás por eso apoyan cada vez más el pensamiento de ultraderecha.

Kirk también se vio envuelto en polémica; el portal CBS indica que el activista llegó a afirmar que las elecciones del 2020 fueron “robadas” a Trump, o también, cuando llegó a afirmar la existencia de una conspiración denominada “El Gran Reemplazo” que pretendía sustituir ciudadanos blancos por minorías.

Cuando el expresidente Fujimori (Perú) inició un plan de limpieza étnica autorizando la esterilización de miles de mujeres pobres e indígenas (o ambas inclusive) para evitar la reproducción de lo que él consideraba una raza inferior que traía problemas a la población, con toda seguridad estaba convencido de que eso era lo mejor. Y con toda seguridad alguien, en su furia, pensó que merecía la muerte.

Charlie Kirk deja a una viuda y dos hijos pequeños.

Los laboratorios de guerra asimétrica, muchas veces aplicados por el Pentágono fuera de sus fronteras, hoy muestran sus consecuencias en Norteamérica.  Según los análisis posteriores a la muerte del activista, su discurso se había vuelto hacia lo religioso. Asociando su pensamiento político a la verdad de su iglesia. Y, como sabemos, la fe es muy difícil de refutar con palabras e imposible de hacerlo con hechos.

En escenarios de guerra sicológica se muestra al adversario como el germen del mal, por lo que, justifica la muerte de otro ser humano. La guerra hace eso posible y hoy, en los Estados Unidos, parecen estar a las puertas de un conflicto interno y de provocar otros enfrentamientos en el resto de los continentes.

Nos quedamos con la opinión del portal Norte de Castilla publicada a propósito de este debate:

Conviene apartar el odio y la ira del debate abierto por el asesinato de Charlie Kirk, tiroteado cuando ofrecía una charla en la Universidad de Utah Valley, para quedarse con lo esencial: Kirk es la víctima y no cabe justificación alguna al crimen que ha acabado con su vida bajo la infame excusa de sus despreciables opiniones en temas absolutamente sensibles. No reconocerlo supondría precipitarse al abismo de la crispación, del envilecimiento social y de la búsqueda de ruines disculpas a un hecho tan atroz como es arrebatar la existencia a un semejante. A la deshumanización que tanto daño ha causado el recurso a la violencia para atajar las discrepancias con quien se considera el rival a batir, de trágico recuerdo en sociedades golpeadas por el terrorismo como lo ha sido la española, sin ir más lejos. Asumir que no hay justificación posible para un acto tan execrable como lo ha sido este atentado refuerza la democracia y la dignidad para seguir denunciando con la misma firmeza la intolerancia del agitador trumpista o la crisis humanitaria del pueblo palestino a manos de Israel. No sería moralmente de recibo llevarse las manos a la cabeza por el brutal crimen de Kirk y no conmoverse por el cruel asedio en Gaza, donde mueren miles de inocentes. Y viceversa.(https://www.elnortedecastilla.es/opinion/el-norte-charlie-kirk-victima-20250913081657-nt.html)

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