Sociedad

Bebe Reno: serie para reír o llorar.

El lanzamiento de la serie Bebe Reno (Baby Reindeer 2024) nos ha puesto a pensar respecto al contenido (implícito y explícito) de las producciones más publicitadas y mercadeadas en cada temporada.

Se hecho costumbre en la industria producir series de drama, thriller, horror, pero barnizadas de comedia. Incluso esto ha generado un nuevo género denominado comedia azul, en la que la transgresión es lo gracioso. Para definirla, indican que es aquella cuyo contenido va “desde el borde de la falta de delicadeza hasta la indecencia”. Ejemplo reciente: la opinión subida de tono de Valentina Quintero, sobre su visita al pueblo de Macuro; mientras más alzaba la voz y destemplado se ponía el comentario, las risas sonaban más fuerte en el estudio.

El serial Bebe Reno, de aparición reciente en las plataformas streaming, es señalado como parte del género: drama y comedia negra.

El tema central gira en torno al relato autobiográfico en la que un espirante a comediante en el reino unido se ve atrapado en una historia de ambición, acoso, violencia, abuso sexual, consumo de alcohol y drogas, todo ello enmarcado por problemas de personalidad, autodeterminación y autoestima.

La pregunta es: ¿es posible contar (en primera persona y en modo comedia) el acoso y soslayar en el mismo relato, la violación y el abuso, por parte de un depredador. ¿Cuándo toca reír?

El problema parece estar en qué estas producciones llegan al entendimiento de adolescentes (e incluso niños) por la vía de las plataformas digitales streaming, sin que medie ninguna intervención adulta para comentar o aclarar dudas en su contenido.

Las plataformas streaming dan acceso a todo el contenido desde dispositivos móviles, sin que exista posibilidades de control y observación adulta de los contenidos.

 ¿Estamos preparados para digerir tal dimensión de conductas propias de personajes, profundamente dañados en su equilibrio emocional y sicológico?

Cuando la mayoría de los adultos se enfrentan al tema encuentran dificultades para definir el mensaje.

Crecimos aprendiendo al ver series y películas con argumento o mas bien, una estructura argumentativa, en la que los autores apostaban por desarrollar una idea y exponerla ante la moral pública. Nuestro objetivo como espectadores era determinar «quien era el bueno de la película».

Hoy esa trama, o esa estructura argumentativa no existe, o queda disipada por la realidad. La ficción ha sido desplazada por la «reality» . Mas que una historia se cuentan hechos, a los que nos enfrentamos asumiendo que es verdad y con muy pocos parámetros para rechazarlos, denunciarlos, justificarlos o amarlos. Parece que los productores de la serie no quieren nuestra reacción, solo quieren nuestra atención.

En el caso de Bebe Reno, solo nos enfrentan, “sin paracaídas” a una realidad compleja en la que las víctimas parece que no son tales, y su ambigüedad hace que muchos terminemos aceptando lo que le pasa al protagonista como simples espectadores. Una víctima frágil, con cierto grado de culpa termina dibujándose en el estómago cuando finaliza el último capítulo de la serie.

Y para dorar el relato, los creadores “salpican” a los personajes con textos que buscan la risa, a partir de la ironía y la exacerbación de situaciones hiperrealizadas, con marcados estereotipos conductuales que rayan en lo increíble y lo cómico, a la vez. Quizás esta sea una nueva forma de banalizar las miserias humanas, tan propia del entender contemporáneo.

Ya en 2020 otra serie Feel Good, trataba un tema similar y se incluía como género: comedia-drama. En ella los protagonistas procesan de diversas formas su adicción, y de allí pasan a reconocer que las mismas son producto de abusos sufridos en su edad adolescente. Lo paradójico es que tanto Feel Good como Beby Reindeer, están ambientadas en el mundo de la comedia londinense.

Ahora sí, definitivamente, quedó en el pasado la gran categoría de las artes para identificar el contenido de las creaciones intelectuales o literarias. El teatro griego nos hablaba del drama y de la comedia. No es que nunca en la historia se halla trasgredido esta norma, pero siempre, se diferenciaba una de la otra o, en todo caso, nos reíamos del drama como una forma de superarlo.

El asunto es que hoy, la comedia se hace drama y el drama arropa situaciones escabrosas y nos encamina a normalizar conductas depredadoras entre los seres humanos. ¿Será este el signo de los nuevos tiempos?

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