Las bicicletas que devoran a China

Las imágenes de los llamados cementerios de bicicletas en China, han desatado una locura viral de búsqueda de información sobre este tema. Y es que el mensaje visual es tan impactante que estalla con una fuerza atómica en cada una de las cabezas de quienes estamos en contacto con él.

Es como la muerte de los dinosaurios o las ballenas suicidas que encallan en las orillas: ¿Cuál es el origen de esta situación?¿Qué llevó a los chinos a “desechar” tal cantidad de bicicletas?

Y es que el asunto reside en parte en el significado del objeto desechado. Las bicicletas no poseen adjetivos negativos que las califiquen. Es más, son vistas como objetos de culto y con un alto valor de uso por la independencia que brinda el andar en ellas, y por supuesto, el valor ecológico que implica para las grandes ciudades.

Pero es que los chinos están dejando de lado el uso de las bicicletas desde los años 60 del siglo pasado. Para 1980 este indicador había disminuido a un 63 % de su población laboral. Para el año 2000 marcó 38 % y para el 2016 su uso se ubicaba en 12%. Desde entonces las autoridades prendieron las alarmas. Ojo, este indicador nos dice las personas que utilizan la bicicleta para ir al trabajo

Cambio de manubrio por volante

Y es que en la misma (por supuesto no exacta) medida en que descendía el uso de la bicicleta aumentaba la propiedad y el uso de vehículos en el gigante asiático. Este impulso financiado por la bonanza económica llevó a China a convertirse en el principal mercado para la industria automotriz. En 2010 China supera a los Estados Unidos con 13.5 millones de vehículos vendidos y para la fecha el mercado supera los 23 millones de vehículos vendidos por año.

Sin embargo, la segunda potencia mundial cuenta ya con 190 millones de automóviles privados y más de 280 millones de vehículos motorizados que provocan atascos de proporciones épicas y elevan los preocupantes niveles de contaminación atmosférica del país. https://elpais.com/tecnologia/2016/10/18/actualidad/1476777724_794509.html

La expresión más visible de este modelo de desarrollo incontrolado es la ciudad de Shanghái. Megalópolis de unos 24 millones de habitantes que luce impresionante en las fotos del folletín turístico. Grandes rascacielos enmarcan con sus luces las imágenes nocturnas de su bahía,  como una postal futurista del ambiente de las nuevas ciudades y el clímax del desarrollo humano. Pero al poner un pie en su suelo, vemos que esta imagen se dificulta por la densa bruma de contaminación que cubre la ciudad y hace casi insostenible su vida allí.

La emisión de gases contaminantes originados por las industrias y el parque automotor supera los límites permitidos por las organizaciones mundiales que rigen esta materia. Estos dos elementos aportan el 50% de la contaminación de la ciudad.

Hoy se registran 152 microgramos por metro cúbico, aunque el estándar teórico en China para la calidad del aire es de un máximo de 75 (que rara vez se cumple en sus grandes ciudades), mientras la Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda no pasar de 25, lo que no se cumple tampoco en decenas de grandes ciudades europeas. https://www.efeverde.com/noticias/shanghai-estima-que-tardara-una-decada-en-solucionar-su-grave-contaminacion/

Esto ha hecho que la realidad china de las grandes ciudades sea la lucha por mejorar la movilidad de sus habitantes y los niveles de contaminación que padecen. Todo ello consecuencia de un crecimiento desmesurado que pone como eje central de la ciudad al vehículo, lo que implica grandes inversiones en vialidad y graves consecuencias medioambientales.

Lo bueno que resultó malo

Pensado en ello, a mediados del años 2007 la ciudad de Hangzhou (Shanghái) de China, se les ocurrió la idea de distribuir entre sus ciudadanos bicicletas para el traslado al trabajo y así disminuir la emisión de gases contaminantes.

Se repartieron 80.000 bicicletas en distintos puntos de la ciudad. Las personas tenían acceso a ellas y podían dejarlas en cualquier lugar. Los resultados positivos: aumento del uso y por ende del ejercicio tan bueno para la salud y disminución de más de 110.000 toneladas de gases contaminantes al año.

Los resultados negativos: las personas comenzaron a dejar bicicletas en cualquier parte. Aquellas deterioradas eran olvidadas en las esquinas y muchos sitios se convirtieron en depósitos improvisados de las mismas.  La municipalidad debió recoger las bicicletas que incomodaban a los ciudadanos y crearon un cementerio de al menos 30.000 de ellas.

 

Uber + bicicletas + mercado chino= quiebra y cementerio de bicicletas.

Desde el año 2016, posterior a la experiencia de la ciudad de Hangzhou, una iniciativa, esta vez privada, pretende devolver la presencia de las “bici” en las calles de ciudades como Pekín y Shanghái. La idea  es un servicio de uso compartido (alquiler prepago y por demanda), donde el usuario, previa descarga de aplicación (tipo UBER) solicita el servicio, se le indica donde se encuentra la más cercana. Va la ubica,  la aplicación libera una especie de candado y listo,  monta su bicicleta. Por un costo módico puede rodar unos 30 minutos en promedio, sin embargo, la aplicación le indica cuantos kilómetros recorrió, calorías que quemó y si se excede del tiempo, la empresa se lo descuenta de su tarjeta (tipo prepago con recarga).

Existe además un complejo modelo de gratificaciones en puntos por el uso del servicio. Así mientras más alquiles y te comportes bien obtienes puntos que se traducen en minutos de uso. Ahora bien, si dejas la bicicleta mal estacionada o cometes infracciones pierdes puntos o incluso la membresía.

Esta idea se convirtió en un boom y pronto surgieron muchos competidores que saturaron el mercado de bicicletas disponibles. Es decir, la oferta superó a la demanda.

Por otra parte fueron más los malos conductores que los buenos. Así las bicicletas fueron abandonadas en sitios no aptos, lo que llevó a las autoridades a multarlas, recogerlas y llevarlas a estacionamientos, donde el monto de la multa (y el estacionamiento) supera el costo de la “bici”, por lo que algunas empresas decidieron dejarlas allí.

Solo dos firmas mantienen este servicio activo OFO y MOBIKE, luego de la declaratoria en quiebra de la tercera en tamaño, BLUEGOGO, la cual  espera que sus vehículos sean compradas por algunos de estos dos gigantes para evitar un colapso mayor.

La quiebra de Bluegogo provocó preguntas sobre el futuro del negocio de bicicletas compartidas sin anclaje en China, de hecho, en una carta pública, el director ejecutivo de Bluegogo se disculpó por sus errores y aseguró que había estado “lleno de arrogancia”. https://www.lainformacion.com/estilo-de-vida-y-tiempo-libre/cementerios-bicicletas-china-caos/6348058

El tamaño del negocio es impresionante, cada una de estas dos empresas cuenta con financiamiento internacional alrededor de Mil millones de dólares para su año de arranque.  Capital que sirvió para financiar el colapso del mercado y la supremacía en  el mismo, al ser los únicos sobrevivientes de la debacle.

 

En 2017 la empresa Ofo anunció con grandes expectativas su incursión en el mercado español. Gran despliegue publicitario ligado al discurso pro ambientalista soportó la imagen o el “relato” con el que presentaron este modelo de negocios. Hace unos meses, fue oficializado el retiro de la empresa de suelo ibérico sin cumplir el año de actividades. Las autoridades informaron que, intentarían llevar las bicicletas que estuvieran en mejores condiciones  a Francia, el resto serían donadas fundaciones. Hoy las autoridades Chinas evalúan todo este problema, adecuan sus leyes y fomentan todo un proceso educativo para mejorar el comportamiento ciudadano respecto a este modelo de negocio.

El cinismo de los cementerios de bicicletas

En primer lugar vemos como el sistema de producción híper masivo desarrollado por los chinos hace que los objetos (bicicletas) pierdan su valor real (medio de transporte) y sean vistos como piezas de un complejo modelo económico.

Para este modelo la conservación y el mantenimiento no forma parte de sus costos. Simplemente lo obvian. El modelo económico permite comprar y desechar. Se puede estimar que en un año (siendo conservadores) el costo del vehículo esta liberado y comienza a ser una carga. Y es aquí donde el cinismo se apropia de nuestro espíritu, ya que al olvidarnos de las bicicletas (como cadáveres insepultos) le trasferimos el problema a la misma sociedad que, bajo el supuesto aporte de la conservación del medio ambiente, terminamos creándole otro problema de similares dimensiones, y, además, les cobramos por ello.

Sitios de interés que amplían información sobre el tema:

https://elpais.com/economia/2017/05/26/actualidad/1495787687_546930.html

http://ecodiario.eleconomista.es/viralplus/noticias/8604807/09/17/30000-bicicletas-conforman-el-cementerio-mas-colorido-de-China.html

https://www.eldiario.es/theguardian/revolucion-china-ruedas_0_595640955.html

http://www.chinadaily.com.cn/opinion/2016-12/14/content_27661914.htm

https://www.lainformacion.com/estilo-de-vida-y-tiempo-libre/cementerios-bicicletas-china-caos/6348058

https://www.nuevamujer.com/bienestar/2014/08/28/china-tiene-el-programa-de-bicicletas-compartidas-mas-grande-del-mundo.html

https://www.swimbikewrite.com/bicicletas-por-habitante/

http://www.europapress.es/sociedad/noticia-son-paises-hay-mas-bicicletas-20150422121345.html

https://www.efeverde.com/noticias/shanghai-estima-que-tardara-una-decada-en-solucionar-su-grave-contaminacion/

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